diumenge, 25 d’octubre del 2026

No es difícil conseguir una economía para el bien común ? vs Análisis RMS

  Mariana Mazzucato —indica «No es difícil conseguir una economía para el bien común. Es solo que somos cobardes»— funciona muy bien como provocación política, pero como diagnóstico económico es demasiado simple. De hecho, leyendo conjuntamente sus entrevistas de estas semanas, la propia Mazzucato termina reconociendo : los gobiernos no sólo carecen de valentía; también carecen de capacidad institucional. 

En otra entrevista lo dice explícitamente al hablar de fiscalidad, vivienda e IA: «no son solo cobardes, no tienen capacidad». elDiario.es

Y ahí empieza, para mí, la discusión verdaderamente interesante.

Mazzucato tiene razón en una cosa fundamental

Su tesis no consiste simplemente en aumentar impuestos o redistribuir más después de que el mercado haya producido determinados resultados.

Quiere intervenir antes.

Su concepto central es la predistribución: diseñar mercados, contratos públicos, financiación, innovación y relaciones Estado-empresa de manera que el valor se cree y se distribuya de otra forma desde el principio. En sus entrevistas recientes insiste en pasar de un Estado que corrige fallos a posteriori a otro que participa en la orientación de mercados y misiones. El País

Su nueva economía del bien común se organiza alrededor de cinco grandes principios:

dirección y propósito → participación y cocreación → aprendizaje colectivo → distribución de recompensas → rendición de cuentas. infobae

Es una evolución coherente de toda su obra:Estado emprendedor → economía de misiones → bien común.

La pregunta deja de ser:¿cómo corregimos posteriormente lo que el mercado hizo mal?

y pasa a ser:¿cómo diseñamos previamente instituciones y mercados para producir determinados resultados?

El problema aparece al intentar hacerlo realidad.

 El punto más débil de la obra reciente de Mariana Mazzucato: no tanto si sus objetivos son deseables, sino si su concepto de "economía del bien común" puede trasladarse a instituciones reales sin generar problemas de implementación. Según la propia autora, el bien común requiere cinco elementos: propósito compartido, cocreación democrática, conocimiento compartido, reparto de beneficios y nuevas formas de gobernanza económica

 Los objetivos de Mazzucato pueden compartirse, pero su dificultad fundamental está en determinar quién define el bien común, cómo se evita la captura política y cómo aprende el Estado cuando una misión fracasa. 

Nos obliga a distinguir entre la deseabilidad de una economía orientada al bien común y la posibilidad real de construirla dentro de una economía abierta, competitiva, financiarizada e interdependiente.


El bien común no es difícil de definir; es extraordinariamente difícil de coordinar

Probablemente podamos conseguir un amplio acuerdo social acerca de determinados fines:
vivienda accesible;sanidad;educación;empleo digno;sostenibilidad;innovación;cohesión territorial; igualdad de oportunidades.

La dificultad comienza cuando preguntamos:

¿quién paga?

¿quién pierde rentas?

¿qué tecnología elegimos?

¿qué empresa recibe apoyo?

¿qué actividad dejamos desaparecer?

¿qué sacrificamos hoy para obtener un beneficio dentro de quince años?

¿qué ocurre si nuestros competidores internacionales no aplican las mismas reglas?

Ahí el “bien común” deja de ser una brújula moral y se convierte en un problema de economía política.

Y es mucho más complicado.


Felber ya nos mostró precisamente esa dificultad

La Economía del Bien Común existe como movimiento desde alrededor de 2010 y ha desarrollado algo que Mazzucato sólo está sistematizando ahora desde otro enfoque: instrumentos concretos para transformar principios en métricas empresariales.

Felber propone evaluar organizaciones mediante una matriz que incorpora dignidad humana, solidaridad, justicia social, sostenibilidad ambiental, transparencia y participación. Incluso plantea que las mejores puntuaciones puedan traducirse en ventajas fiscales, financieras, comerciales o de contratación pública. Economy for the common good

El movimiento no ha desaparecido. Sigue activo, tiene organizaciones, municipios, empresas y nuevas versiones de su matriz; en 2026 acaba incluso de publicarse una edición completamente renovada de su propuesta. Christian Felber

Pero después de más de quince solo ha conseguido experiencias microeconómicas, pero no transformar la arquitectura macroeconómica.

Pasar de:empresa responsable a sistema económico orientado al bien común es un salto gigantesco.


Tirole explica una parte de por qué

Su libro también se llama Economics for the Common Good, pero su planteamiento es muy diferente.

Para Tirole, alcanzar resultados socialmente deseables no depende fundamentalmente de proclamar valores comunes, sino de diseñar instituciones e incentivos capaces de conseguirlos pese a información imperfecta, intereses privados y comportamientos oportunistas.

Su principio podría resumirse así:el mercado necesita regulación, pero el Estado también necesita competencia, incentivos y controles.

Tirole insiste especialmente en información asimétrica, captura regulatoria, compromiso institucional y dificultades para diseñar correctamente incentivos. Incluso una política bien intencionada puede generar rentas, reducir calidad o permitir que el regulado capture al regulador. Premio Nobel

Ahí encontramos una complementariedad muy interesante:

FelberTiroleMazzucato
¿Qué valores queremos?¿Qué incentivos funcionan?¿Qué dirección queremos dar al sistema?
Medición del bien comúnDiseño institucionalMisiones
Ética y sostenibilidadInformación y competenciaCapacidad pública
Balance del bien comúnRegulación y capturaCocreación
CooperaciónIncentivosCondicionalidad
Resultado socialMecanismoTransformación

Pero todavía falta una cuarta columna.

La competencia sistémica.


Aquí está probablemente el límite más importante del marco de Mazzucato

Mazzucato analiza muy bien:Estado + empresas + ciudadanos + misiones.

Pero la economía real no es un sistema nacional cerrado.

Una misión europea existe dentro de:

China

Estados Unidos

mercados financieros internacionales

cadenas globales de valor

OMC

flujos de capital

dependencias energéticas

redes digitales

materias primas

tecnologías controladas externamente.

Y eso cambia muchísimo las posibilidades de política.

Imaginemos que Europa decide:queremos producir baterías respetando estándares sociales y ambientales mucho más estrictos.

Perfectamente legítimo.

Pero si la batería europea cuesta estructuralmente un 40% más y los consumidores pueden comprar la extranjera libremente, la misión puede fracasar.

Entonces hay que elegir entre:subvencionar;regular;proteger;imponer estándares;contratación pública;

aceptar la importación;o abandonar parte de la producción.

Cada decisión produce costes y ganadores y perdedores.

Ya no estamos ante falta de valentía.

Estamos ante un problema sistémico de coordinación.


Y la geoeconomía lo complica todavía más

La hipótesis dominante en1990-2005 era aproximadamente:globalización → especialización → eficiencia → crecimiento → redistribución.

Hoy tenemos que añadir:

seguridad económica

China

Estados Unidos

subsidios industriales

controles tecnológicos

friend-shoring

materias primas críticas

IA

defensa

energía

chokepoints.

Una economía del bien común europea puede querer maximizar sostenibilidad.

Pero también necesita:productividad;capital;tecnología;seguridad energética;industria;resiliencia;

capacidad militar;competitividad internacional.

Estos objetivos pueden complementarse.

Pero también pueden entrar en conflicto.

Y ése es el problema que una teoría moderna del bien común tiene que resolver.


Las redes hacen todavía más difícil transformar el sistema

Una economía moderna está formada por redes.

Un automóvil europeo incorpora:chips;software;metales;baterías;maquinaria;capital;servicios;datos

producidos en multitud de jurisdicciones.

Cambiar una sola regla en un país puede alterar toda esa red.

Las cadenas globales crean algo parecido a dependencia de trayectoria.

Cuanto más integrada está una economía en determinada arquitectura tecnológica y productiva, más caro resulta abandonarla.

Por eso:no podemos rediseñar libremente el sistema económico como si partiéramos de una hoja en blanco.

Tenemos instituciones heredadas.

Capital instalado.

Contratos.

Infraestructuras.

Empresas.

Deudas.

Proveedores.

Tratados.

Normas europeas.

Compromisos comerciales.

Tecnologías.

Todo ello restringe el espacio de decisión.


Esto no invalida a Mazzucato; obliga a completar su teoría

Mazzucato tiene razón cuando dice:los mercados son construidos.

No existen en el vacío.

Pero de ello no se deduce que podamos reconstruirlos fácilmente.

Ésta es la diferencia.

Los mercados están diseñados.

Sí.

Pero el diseño anterior genera estructuras, intereses y dependencias.

También.

Y esas estructuras condicionan el siguiente diseño.

En lenguaje sistémico:el sistema tiene memoria.

Eso es path dependence.


El titular habla de cobardía.

Pero después aparecen:

falta de capacidad estatal;

pérdida de talento público hacia las grandes tecnológicas;

poder financiero;

concentración tecnológica;

problemas fiscales;

dependencia de consultoras;

privatización del conocimiento.

Es decir, la propia explicación acaba siendo mucho más estructural que moral. elDiario.es

Y eso cambia todo.

Si el problema fuese únicamente:políticos cobardes,bastaría elegir dirigentes más valientes.

Pero si el problema es:

Estado débil + captura + información incompleta + competencia internacional + dependencia tecnológica + intereses creados + mercados globales + coordinación europea,

entonces necesitamos construir capacidad sistémica.

Eso es mucho más difícil.


El marco RMs añade precisamente la dimensión que falta.

Una economía orientada al bien común necesita primero ser capaz de producir las capacidades que permiten sostener ese bien común.

Porque:

sin productividad no existe suficiente renta;

sin industria y tecnología disminuye la capacidad de decisión;

sin competitividad disminuye la base fiscal;

sin energía competitiva desaparecen industrias;

sin innovación disminuye el crecimiento futuro;

sin resiliencia las crisis destruyen bienestar.

Por tanto, la secuencia no debería ser simplemente:misión → inversión → bien común.

Debería ser:misión → capacidades → productividad → resiliencia → creación de valor → distribución → bienestar.

Y después volver mediante feedback:bienestar → legitimidad → capital humano → confianza → nuevas capacidades.

Eso sí es un sistema.

Podríamos formular una especie de condición RMS para una Economía del Bien Común:

Bien común sostenible = bienestar × productividad × capacidad institucional × resiliencia × legitimidad

No como ecuación econométrica.

Como mapa conceptual.

Porque si cualquiera de esos componentes se aproxima a cero, aparecen problemas.

Un país puede redistribuir extraordinariamente bien durante diez años.

Pero si destruye productividad:el modelo acaba debilitándose.

Puede aumentar productividad enormemente.

Pero si los beneficios no llegan a los ciudadanos:pierde legitimidad.

Puede tener productividad y bienestar.

Pero si depende completamente de otro país en energía o tecnología:carece de resiliencia.

Y puede tener recursos suficientes.

Pero si su Estado carece de capacidad:no consigue ejecutarlo.


¿Quién define el bien común?

Mazzucato responde mediante cocreación y participación ciudadana. The Rockefeller Foundation

Es razonable.

Pero no elimina el conflicto.

Un trabajador de una planta de automóviles puede tener una concepción diferente del bien común que:

un activista climático;un consumidor de bajos ingresos;una empresa eléctrica;un agricultor;una empresa tecnológica;una región industrial.

Todos pueden defender intereses legítimos.

El problema político no consiste simplemente en escucharles.

Consiste en decidir cuando sus intereses son incompatibles.

Esto nos devuelve a Tirole:las instituciones importan precisamente porque los intereses divergen.


La experiencia de estos quince años quizá nos deja una lección

La generación de Economía del Bien Común que empezamos hace 15 años aprendió algo que merece incorporarse al debate actual.

La dificultad no estaba en convencer a pequeñas empresas, ayuntamientos o ciudadanos de que:

dignidad, sostenibilidad, justicia y cooperación son deseables.

Eso era relativamente sencillo.

La dificultad era conseguir que esas prácticas sobrevivieran cuando entraban en contacto con:

competencia global;

precios;

financiación;

cadenas de suministro;

regulación;

consumidores;

rentabilidad;

mercados internacionales.

Ahí chocaba el micro con el sistema.

Y ése sigue siendo el problema.

----Del:

«No es difícil conseguir una economía para el bien común. Es sólo que somos cobardes.»

-------Al:

«Sabemos bastante bien qué resultados asociamos al bien común. Lo difícil es construir instituciones, incentivos y capacidades capaces de producirlos de forma estable dentro de una economía global interdependiente y competitiva.»

Felber nos ayuda a definir qué queremos medir. Tirole nos obliga a pensar cómo diseñar los incentivos. Mazzucato explica cómo orientar y construir capacidades colectivas. La competencia sistémica añade la condición que hoy ya no podemos ignorar: todo ese modelo debe seguir siendo productivo, resiliente y competitivo dentro de una economía mundial en la que otros sistemas persiguen objetivos diferentes.

Esto cambia mucho la Economía del Bien Común.

Ya no sería únicamente una teoría de:ética + distribución + participación.

Sería una teoría de:capacidades + incentivos + producción + cooperación + resiliencia + distribución + bienestar.

Y creo que ésa es probablemente la actualización que necesita en 2026.

Porque el gran problema actual no es elegir entre competitividad o bien común.

Es conseguir que:la competitividad genere capacidades, las capacidades generen productividad, la productividad genere prosperidad y esa prosperidad termine convirtiéndose en bienestar compartido.

Si rompemos cualquiera de esos enlaces, o tenemos una economía competitiva que no sirve suficientemente a sus ciudadanos, o una economía bienintencionada que termina perdiendo la capacidad material necesaria para sostener sus objetivos sociales.

El problema no es imaginar una economía orientada al bien común, sino conseguir que funcione dentro de sistemas económicos complejos, competitivos e interdependientes.

Los objetivos de Mazzucato pueden compartirse, pero su dificultad fundamental está en determinar quién define el bien común, cómo se evita la captura política y cómo aprende el Estado cuando una misión fracasa. 

Felber, Mazzucato y Tirole: tres respuestas distintas

La comparación del documento es especialmente útil porque los tres autores parten, en realidad, de una pregunta parecida:

¿Cómo conseguir que la economía genere prosperidad compatible con el interés colectivo? 

Pero responden desde lugares muy distintos.

Christian FelberMariana MazzucatoJean Tirole
Punto de partidaValoresDirecciónIncentivos
ProblemaEl capitalismo no mide correctamente el bien comúnEl mercado no genera por sí mismo las capacidades necesariasMercado, Estado y empresas tienen fallos
InstrumentoBalance del Bien ComúnMisiones y Estado emprendedorRegulación, contratos, competencia
EstadoGarantiza valoresOrienta mercadosDiseña reglas
EmpresaDebe cooperar másCrea valor junto al EstadoResponde a incentivos
Principal fortalezaFinalidad socialConstrucción de capacidadesRealismo institucional
Principal riesgoIdealismoCaptura/error estatalTecnocratización

Felber necesita empresas más altruistas; Mazzucato, Estados más inteligentes; Tirole, mejores incentivos. 

Pero creo que ahora podemos añadir una cuarta columna: RMS/competencia sistémica.


1. Felber: ¿para qué debe funcionar la economía?

Felber empieza por el destino.

Beneficio, PIB y rentabilidad no deberían ser las únicas medidas del éxito económico. Propone incorporar dignidad, solidaridad, sostenibilidad, justicia y participación a la evaluación empresarial. El documento reconoce precisamente esa enorme potencia ética, pero señala sus problemas de incentivos, cálculo y medición. Markdown pegado(20261025-222350)

Su gran aportación podría resumirse:La economía es un medio. El bienestar social es el fin.

El problema aparece al pasar de:“esto es lo que queremos conseguir” a: “éste es el mecanismo económico capaz de conseguirlo”.

Mi experiencia práctica de hace quince años es:

No basta con convencer a una empresa para elaborar un Balance del Bien Común.

Esa empresa continúa compitiendo con otra empresa que:produce en China;se financia en Estados Unidos;compra materias primas en África;optimiza fiscalmente internacionalmente;utiliza una plataforma digital estadounidense;y vende en toda Europa.

La empresa individual está dentro de un sistema que no controla.

Ése es el límite estructural de Felber.


2. Mazzucato da un paso adelante: necesitamos capacidad para transformar el sistema

Mazzucato detecta parte del problema.

No pretende simplemente pedir a las empresas que sean mejores.

Introduce:Estado + inversión + innovación + empresa + misiones + contratación pública + condicionalidad.

Y reconoce que buena parte de la innovación radical ha recibido financiación pública, que el Estado asume riesgos y que posteriormente una parte importante del valor puede terminar privatizándose. Esos son precisamente los tres pilares que recoge el documento. 

Por tanto:

Felber pregunta:

¿qué economía queremos?

Mazzucato pregunta:

¿cómo movilizamos recursos para construirla?

Es un avance considerable.

Pero aparece otro problema.

¿Quién sabe qué construir?


3. El límite de Mazzucato: dirección sin suficiente mecanismo de corrección

Ésta es probablemente la crítica más importante del documento.

Mazzucato acepta:mercados;beneficios;empresa privada;competencia.

Pero quiere orientarlos mediante misiones. 

Eso puede funcionar extraordinariamente bien cuando:el objetivo está claro;la tecnología admite varias soluciones;existen empresas capaces;hay buena administración;los resultados son medibles;y existe disciplina cuando algo fracasa.

Pero puede funcionar mal cuando:la información es incompleta;la tecnología cambia rápidamente; los grupos de interés capturan las ayudas;los gobiernos cambian;los objetivos se politizan;o nadie quiere reconocer que una inversión ha fracasado.

Por eso el documento identifica conocimiento, política y medición como tres grandes dificultades prácticas. 

Aquí nuestra Capacidad Sistémica de Reasignación (CSR) adquiere muchísimo sentido.

Una buena política industrial necesita saber:construir,

pero también:abandonar.


4. Tirole introduce precisamente el mecanismo de corrección

Tirole parte de una visión menos ambiciosa moralmente pero mucho más incómoda institucionalmente:

las personas responden a incentivos.

Y:mercados, empresas y Estados pueden equivocarse.

Por tanto, no intenta conseguir que todos compartan una concepción del bien común.

Intenta construir reglas donde los intereses individuales produzcan mejores resultados colectivos.

El documento lo resume perfectamente: información asimétrica, conflictos de interés y oportunismo obligan a diseñar mecanismos; no basta confiar en la virtud de los actores. 

Esto resulta mucho más robusto.

Pero tampoco resuelve todo.


5.  Tirole tampoco resuelve suficientemente la competencia sistémica

Supongamos que Europa consigue:excelentes incentivos;regulación inteligente;competencia;

precio al carbono;mercados eficientes;buena gobernanza.

Y China dispone simultáneamente de:

escala + financiación + infraestructura + política industrial + cadenas de suministro + tecnología + mercado + velocidad.

Las empresas europeas pueden estar perfectamente incentivadas y aun así perder competitividad.

Porque:buenos incentivos dentro de una empresa no compensan necesariamente una arquitectura productiva inferior alrededor de ella.

Ahí aparece el cuarto enfoque.


6. RMS: no basta con fines, dirección o incentivos; necesitamos capacidades

Podríamos organizar las cuatro perspectivas así:

FELBER

¿Para qué?

→ Bien común.

MAZZUCATO

¿Hacia dónde?

→ Misiones.

TIROLE

¿Mediante qué reglas?

→ Incentivos.

RMS

¿Con qué capacidades y dentro de qué sistema?

→ Recursos + mecanismos + capacidades + interdependencias + resiliencia + capacidad de decisión + bienestar.

Esto cambia bastante la discusión.


7. RMS permite integrar los tres en lugar de elegir uno

No tenemos necesariamente que decidir:Felber o Mazzucato o Tirole.

Podemos utilizarlos en diferentes niveles.

Felber proporciona el objetivo

¿Qué entendemos por progreso?

No únicamente PIB.

También:bienestar;cohesión;sostenibilidad;dignidad;oportunidades.

Mazzucato proporciona dirección

¿Qué grandes problemas colectivos queremos resolver?

Energía.

Vivienda.

IA.

Salud.

Descarbonización.

Productividad.

Tirole proporciona mecanismos

¿Cómo evitamos que la misión termine capturada?

Competencia.

Contratos.

Condicionalidad.

Información.

Incentivos.

Evaluación.

RMS añade arquitectura y adaptación

¿Tenemos realmente:

tecnología;

capital;

energía;

empresas;

proveedores;

infraestructura;

talento;

escala;

alternativas?

Y además:¿podemos aprender, corregir y reasignar recursos cuando nos equivocamos?


8. Falta todavía una variable: el mundo exterior

Y ésta creo que es la gran diferencia entre el debate de hace quince años y el de 2026.

Una Economía del Bien Común no existe en el vacío.

Existe simultáneamente con:

China

Estados Unidos

India

CRINK

mercados financieros

multinacionales

plataformas digitales

cadenas globales

materias primas

IA

geopolítica.

Por tanto:el modelo europeo debe ser socialmente deseable y sistémicamente viable.

Ésta es una restricción durísima.


9. Avanzar es muy difícil

Cambiar comportamientos es más fácil que cambiar arquitecturas.

Puedes convencer a:100 empresas,50 ayuntamientos,10 universidades.

Pero cambiar:mercados de capitales;fiscalidad internacional;cadenas globales;contratación pública;

política comercial;sistema energético;gobernanza europea;estructuras empresariales; es extraordinariamente más difícil.

Porque cada elemento está conectado con los demás.


La frase...............

«No es difícil conseguir una economía para el bien común. Es sólo que somos cobardes»

funciona como llamada política.

Pero no como teoría económica.

El problema no es solamente valentía.

Es:complejidad + información + intereses + incentivos + instituciones + capacidades + interdependencias + geopolítica + tiempo.

El punto débil de Mazzucato no es su intención transformadora, sino que presupone unas capacidades estatales e institucionales muy superiores a las que normalmente existen. 


Tirole puede diseñar magníficamente el mecanismo.

Pero alguien tiene que decidir:qué queremos conseguir.

Ahí reaparece Felber.

Y determinados problemas requieren inversiones colectivas que el sistema de incentivos existente no genera espontáneamente.

Ahí reaparece Mazzucato.

Y esas políticas necesitan insertarse dentro de un sistema productivo capaz de competir internacionalmente.

Ahí entra RMS.

Por tanto, propondría:

Felber → finalidad

Mazzucato → dirección

Tirole → mecanismos

RMS → capacidades, adaptación y viabilidad sistémica

Reformular la Economía del Bien Común

La versión de hace quince años podía representarse aproximadamente:

VALORES → EMPRESA → BIEN COMÚN

Mazzucato añade:

MISIÓN → ESTADO + EMPRESA → INNOVACIÓN → VALOR PÚBLICO

Tirole añade:

INCENTIVOS → COMPORTAMIENTO → RESULTADOS

RMS permitiría integrarlo:

BIEN COMÚN

↓
define objetivos

MISIONES

↓
orientan capacidades

INCENTIVOS

↓
alinean actores

CAPACIDADES

↓
permiten ejecutar

COMPETENCIA + EXPERIMENTACIÓN

↓
seleccionan soluciones

MEDICIÓN + FEEDBACK

↓
detectan errores

REASIGNACIÓN

↓
abandona lo que no funciona

PRODUCTIVIDAD

↓
genera prosperidad

DISTRIBUCIÓN

↓

BIENESTAR

Y el círculo vuelve a empezar.


Una Economía del Bien Común 2.0

El problema de la Economía del Bien Común nunca fue únicamente definir qué entendíamos por bien común. El verdadero problema era construir un sistema capaz de alcanzarlo sin ignorar incentivos, información, competencia, productividad, interdependencias y capacidad de adaptación.

Quince años después, Felber continúa siendo útil para recordar para qué existe la economía.

Mazzucato nos ayuda a pensar cómo movilizar al Estado para transformar capacidades.

Tirole nos recuerda que las buenas intenciones necesitan mecanismos e incentivos correctos.

Y la competencia sistémica introduce la realidad que hoy resulta imposible ignorar:

ningún modelo europeo de bienestar será sostenible si no es simultáneamente productivo, innovador, resiliente y capaz de competir dentro de una economía mundial organizada en redes de poder, tecnología y capacidades.

Por eso quizá el debate actual ya no debería ser simplemente “economía del bien común”, sino algo más exigente:Economía de las capacidades para el bien común.

Porque el bien común puede definir el destino; Mazzucato puede ayudarnos a definir la dirección; Tirole, las reglas del viaje; pero necesitamos además construir el vehículo, las capacidades y la posibilidad de cambiar de ruta cuando descubramos que nos hemos equivocado.

Notas

La tesis central de Mazzucato no es que el Estado sustituya al mercado, sino que los mercados siempre están "configurados" por instituciones públicas. Por ello considera insuficiente limitarse a corregir fallos de mercado y propone que el Estado oriente la actividad económica mediante "misiones" concretas, como la transición energética o la innovación tecnológica. [cidob.org], [frdelpino.es]

Su argumento descansa en tres ideas:

  1. Gran parte de la innovación radical fue financiada inicialmente por el sector público.
  2. El Estado absorbe riesgos que el sector privado no quiere asumir.
  3. Los beneficios de esa inversión pública terminan concentrándose excesivamente en accionistas y grandes empresas. [frdelpino.es], [lavanguardia.com]

¿Es una propuesta difícil de aplicar?

Sí, extraordinariamente difícil.

No porque los objetivos sean absurdos, sino porque exige resolver varios problemas prácticos:

1. El problema del conocimiento

¿Quién define el bien común?

Mazzucato responde que debe surgir de procesos participativos y misiones colectivas. [lavanguardia.com]

Pero desde Hayek hasta la economía institucional contemporánea se ha señalado que ningún organismo posee suficiente información para determinar ex ante qué innovaciones, tecnologías o sectores serán exitosos.

La crítica liberal sería:

Cuanto más ambiciosa sea la misión estatal, más probabilidades existen de cometer errores masivos de asignación de recursos.

2. El problema político

Mazzucato suele distinguir entre "Estado emprendedor" y "Estado burocrático".

Sin embargo, en la práctica:

  • los gobiernos cambian,
  • los incentivos electorales son cortoplacistas,
  • aparecen grupos de presión,
  • las ayudas pueden capturarse políticamente.

La teoría funciona mejor que la política real.

3. El problema de la medición

¿Qué significa exactamente "crear valor público"?

Es una cuestión que ha perseguido toda la obra de Mazzucato.

Mientras el beneficio empresarial puede medirse relativamente bien, el "valor público" es mucho más ambiguo.

Aquí surge una crítica habitual:

El concepto es normativamente atractivo pero operacionalmente difuso.

¿Son sus críticos "cobardes o tontos"?

Si el titular alude a que quienes rechazan la intervención pública son "cobardes o tontos", esa formulación es más retórica que analítica.

Desde la perspectiva de Mazzucato, sería "cobarde" renunciar a afrontar desafíos como:

  • descarbonización,
  • envejecimiento,
  • inteligencia artificial,
  • desigualdad.

Es decir, dejar todo al mercado cuando existen problemas sistémicos. [cidob.org], [frdelpino.es]

Pero existen críticas perfectamente racionales a su enfoque.

Por ejemplo:

  • Hayek: conocimiento disperso.
  • Buchanan: incentivos políticos defectuosos.
  • Acemoglu: riesgo de captura estatal.
  • Rodrik: necesidad de experimentación descentralizada más que planificación de misiones rígidas.

Ninguna de estas posiciones puede calificarse seriamente de "cobarde" o "tonta".

Una lectura desde tu marco RMS

Desde la perspectiva RMS que vienes desarrollando, el debate es aún más interesante.

Mazzucato parte implícitamente de una visión donde el Estado puede identificar y coordinar objetivos colectivos.

Sin embargo, RMS enfatiza:

  • complejidad adaptativa,
  • incertidumbre radical,
  • aprendizaje distribuido,
  • competencia sistémica.

Desde ese enfoque, la pregunta no sería:"¿Debe el Estado dirigir el mercado?"

sino:"¿Cómo puede el Estado aumentar la capacidad adaptativa del sistema económico?"

Esa diferencia es crucial.

Un enfoque RMS probablemente aceptaría:

  • inversión pública estratégica,
  • políticas industriales,
  • misiones tecnológicas,

pero desconfiaría de cualquier pretensión de conocer ex ante la trayectoria óptima del sistema.

Conclusión

La economía del bien común de Mariana Mazzucato no es una propuesta ingenua ni irrealizable, pero sí enfrenta un enorme problema de gobernanza. Sus objetivos son relativamente fáciles de compartir; el verdadero reto es quién define el bien común, cómo se evita la captura política y cómo se aprende cuando las misiones fracasan.

Por ello, la crítica más sólida no es que su propuesta sea "de cobardes o tontos". La crítica más sólida es que presupone capacidades estatales e institucionales mucho mayores de las que normalmente existen. Desde una perspectiva RMS, el punto débil no es la intención transformadora, sino la subestimación de la complejidad adaptativa de los sistemas económicos.


La comparación entre Mariana Mazzucato, Christian Felber y Jean Tirole es muy reveladora porque representa tres respuestas distintas a un mismo problema:

¿Cómo lograr que el capitalismo genere prosperidad sin destruir cohesión social, competencia e interés colectivo?

1. Felber

La Economía del Bien Común de Christian Felber parte de una crítica moral al capitalismo:

  • la competencia debe sustituirse parcialmente por la cooperación;
  • las empresas deberían ser evaluadas por su contribución social;
  • el beneficio financiero no debería ser el criterio principal;
  • se propone un "Balance del Bien Común" para medir el impacto social.

Problema fundamental

El proyecto tiene una enorme fuerza ética, pero una débil microfundamentación económica.

Sus críticos señalan que:

  1. No explica suficientemente cómo se generan los incentivos.
  2. No resuelve el problema del cálculo económico.
  3. La medición del "bien común" es  subjetiva en determinados parametros
  4. Las empresas pueden optimizar métricas sin crear valor real.

En términos institucionales:

Felber supone agentes cooperativos donde la economía suele trabajar con agentes que responden a incentivos.

Por eso, después de más de una década, la Economía del Bien Común ha tenido difusión en municipios, ONG y algunas empresas, pero no ha conseguido convertirse en un paradigma económico operativo a gran escala.

Desde RMS podríamos decir:

  • Felber tiene una teoría de fines.
  • No posee una teoría robusta de adaptación sistémica.

2. Mazzucato: el Estado emprendedor

Mariana Mazzucato reconoce algo que Felber apenas aborda:

Los incentivos existen.

Por eso no propone eliminar mercados.

Propone dirigirlos.

Su argumento es:

  • internet;
  • GPS;
  • biotecnología;
  • tecnologías verdes;

surgen frecuentemente de inversiones públicas iniciales.

Por tanto:si el Estado asume riesgos, debe participar también en la gobernanza del valor generado.

Su propuesta es más realista que la de Felber porque:

  • acepta la competencia;
  • acepta la empresa privada;
  • acepta el beneficio.

Pero quiere reconfigurar sus objetivos mediante "misiones".

Problema fundamental

Mazzucato sustituye una dificultad por otra.

Felber no explica cómo surgen los incentivos.

Mazzucato no explica suficientemente quién define las misiones ni cómo evitar errores políticos.

La pregunta crítica es:¿qué ocurre cuando el Estado se equivoca?

La literatura de elección pública (Buchanan), captura regulatoria (Stigler) o instituciones inclusivas (Acemoglu) es mucho más pesimista sobre la capacidad real del Estado que Mazzucato.


3. Tirole: la economía de los incentivos

Aquí aparece Jean Tirole, probablemente el más sólido de los tres desde el punto de vista analítico.

Su planteamiento es muy distinto.

No comienza preguntando:

  • ¿qué es el bien común?
  • ¿qué misión debemos perseguir?

Empieza preguntando:

¿Qué incentivos tienen los agentes?

La teoría moderna de contratos, regulación y organización industrial desarrollada por Tirole parte de que:

  • existe información asimétrica;
  • existen conflictos de interés;
  • existen comportamientos oportunistas.

Por ello:

  • los mercados fallan;
  • los Estados también fallan;
  • las empresas también fallan.

La cuestión es diseñar reglas para que los agentes hagan lo correcto sin necesidad de ser virtuosos.


El contraste conceptual

Felber

Supuesto implícito:

Las personas cooperarán si cambiamos los valores.

Instrumento:

  • cambio cultural;
  • indicadores éticos.

Riesgo:

  • idealismo.

Mazzucato

Supuesto implícito:

El Estado puede identificar objetivos estratégicos.

Instrumento:

  • políticas industriales;
  • misiones.

Riesgo:

  • captura política;
  • errores de planificación.

Tirole

Supuesto implícito:

Los agentes reaccionan a incentivos.

Instrumento:

  • contratos;
  • regulación;
  • competencia.

Riesgo:

  • exceso de tecnocratización.

¿Por qué Tirole parece más viable?

Porque no exige transformar la naturaleza humana.

El modelo de Felber requiere empresas más altruistas.

El de Mazzucato requiere Estados más inteligentes.

El de Tirole requiere algo más modesto:mejores incentivos.

Por ejemplo:

  • impuestos al carbono en lugar de prohibiciones masivas;
  • regulación bancaria basada en incentivos prudenciales;
  • subastas competitivas para energías renovables;
  • mecanismos regulatorios que alineen interés privado e interés colectivo.

No necesita que empresarios o políticos sean virtuosos.

Necesita que sea costoso comportarse mal.


Una lectura RMS

Creo que aquí aparece algo muy compatible con tu marco RMS.

El RMS parte de una idea cercana a la teoría de sistemas complejos:

  • conocimiento distribuido;
  • incertidumbre radical;
  • adaptación evolutiva;
  • aprendizaje continuo.

Desde esta perspectiva:

Felber

Subestima la complejidad adaptativa.

Define un fin moral sin explicar cómo emerge el orden.

Mazzucato

Reconoce la complejidad, pero sobreestima la capacidad de dirección estratégica del Estado.

Tirole

Acepta que ningún actor conoce el sistema completo.

Por eso trabaja sobre:

  • reglas;
  • incentivos;
  • mecanismos.

No intenta dirigir el sistema.

Intenta canalizarlo.


Conclusión

Si ordenáramos las tres propuestas en términos de viabilidad institucional:

Felber → Mazzucato → Tirole

de menos a más viable.

  • Felber ofrece una crítica moral potente, pero una arquitectura económica débil.
  • Mazzucato aporta una teoría plausible de la innovación pública, pero confía quizá demasiado en la capacidad estratégica del Estado.
  • Tirole proporciona el marco analítico más robusto porque incorpora explícitamente incentivos, información imperfecta y fallos tanto del mercado como del Estado.

Desde una mirada RMS, la crítica decisiva a Mazzucato no sería que persiga el bien común. Sería que todavía conserva un cierto sesgo "teleológico": presupone que una autoridad puede identificar y dirigir un destino colectivo. Tirole, en cambio, encaja mejor con una visión adaptativa donde el objetivo no es dirigir el sistema hacia una trayectoria concreta, sino diseñar instituciones que aumenten su capacidad de aprendizaje, coordinación y resiliencia.

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Mariana Mazzucato es una de las figuras de referencia en el ámbito económico. Su visión sobre la acción del Estado en tiempos complicados es apreciada en el espectro progresista, Mariana Mazzucato (Roma, 1968) es catedrática de Economía en el University College of London, pero es mucho más conocida por sus propuestas acerca del Estado emprendedor. Sus ideas le han llevado a asesorar a gobiernos como el estadounidense durante la administración Biden, el italiano, el mexicano o el británico. Es una figura de referencia entre los economistas progresistas. 

Desde su perspectiva, el Estado no solo debe regular o redistribuir, sino que ha de orientar a los mercados en la dirección que los gobiernos fijan. Los objetivos marcados reciben el nombre de ‘misiones’ y tratan de ser alcanzados mediante la colaboración público-privada. El Estado asume riesgos y condiciona ayudas, pero también exige que el valor generado con dinero público no sea capturado únicamente por los accionistas.

 Acaba de publicar en España Bien común. Una economía que funcione para todos -analizar entrevistas de M Mazucatto

  https://www.elconfidencial.com/economia/2026-10-06/entrevista-mariana-mazzucato-economia-bien-comun-cobardes-tontos_4439015/

Evolución necesaria de la matriz ética hacia una matriz RMS adaptada a competencia sistémica, geoeconomía, IA, dependencia y poder.

dimecres, 23 de setembre del 2026

De la matriz ética a la matriz RMS de competencia sistémica

  De la matriz ética a la matriz RMS de competencia sistémica

Evolución necesaria de la matriz ética hacia una matriz RMS adaptada a competencia sistémica, geoeconomía, IA, dependencia y poder.

Durante los años 2000-2010, muchas propuestas de medición empresarial avanzada partían de una intuición correcta: medir lo que importa para poder mejorarlo.

La empresa no debía evaluarse solo por su beneficio financiero, sino también por su impacto sobre trabajadores, proveedores, clientes, propietarios, comunidad, medio ambiente, transparencia, justicia social y dignidad humana. La lógica de una matriz ética, los modelos de informe no financiero y los procesos de auditoria— buscaba precisamente eso: crear una discriminación positiva hacia las empresas más responsables.

La idea era potente: si una empresa trata mejor a sus trabajadores, reduce daños ambientales, mantiene relaciones justas con proveedores, actúa con transparencia y contribuye positivamente a su entorno, debería recibir reconocimiento, incentivos, mejor acceso a la financiación, a la contratación pública o ventajas reputacionales.

Ese marco tenía sentido en un mundo donde se presuponían varias condiciones:

  • cooperación internacional suficiente;
  • cierta reciprocidad regulatoria;
  • disposición general a internalizar costes sociales y ambientales;
  • medición comparable;
  • confianza en que los estándares europeos podían difundirse globalmente;
  • y una globalización todavía interpretada como espacio de convergencia normativa.

Pero ese no es el mundo actual.

Desde 2005, el entorno internacional ha cambiado profundamente. China compite con escala, crédito dirigido, subsidios, control de cadenas, tolerancia a pérdidas, sobrecapacidad y política industrial. Estados Unidos combina mercado, tecnología, dólar, defensa y Estado estratégico. Y la Unión Europea ha empezado a revisar parte de su propia sobrecarga regulatoria para no perder competitividad.

El giro regulatorio europeo de 2025 lo muestra con claridad. La Comisión Europea presentó el paquete Ómnibus I el 26 de febrero de 2025 para simplificar reglas de sostenibilidad, diligencia debida, taxonomía, CBAM e inversión, justificándolo por la necesidad de reducir complejidad, mejorar competitividad y facilitar que las empresas europeas crezcan e innoven. Además, la Comisión vinculó esta agenda a la Competitiveness Compass y al objetivo de reducir cargas administrativas un 25% para las empresas y un 35% para las pymes antes de 2029.

Las propuestas fueron significativas. Reuters resumió que la Comisión planteaba excluir en torno al 80% de las empresas inicialmente cubiertas por la CSRD, concentrando la obligación en compañías de más de 1.000 empleados; aplicar una lógica similar a la taxonomía; retrasar obligaciones de diligencia debida; y reducir el alcance operativo de ciertas exigencias sobre cadenas de suministro.

Esto confirma una tesis importante: cuando el conflicto entre valores y competitividad se vuelve agudo, incluso Bruselas recula.

No porque Europa haya abandonado toda ambición normativa, sino porque reconoce que el diseño original generaba costes, fricciones y cargas difíciles de sostener en el contexto actual.

La conclusión no debería ser que la sostenibilidad, la ética o la responsabilidad empresarial eran errores. La conclusión debería ser más exigente:

El error fue creer que Europa podía imponer altos estándares a sus propias empresas sin convertirlos al mismo tiempo en capacidad competitiva, equivalencia externa y arquitectura institucional.


1. El límite de la matriz ética clásica

La matriz ética tipo EBC era necesaria, pero incompleta.

Era necesaria porque introducía dimensiones que la contabilidad financiera tradicional dejaba fuera: dignidad, justicia social, sostenibilidad, transparencia, impacto social, relación con proveedores y responsabilidad hacia el entorno.

Pero era incompleta porque no incorporaba suficientemente el problema del poder.

Una empresa europea puede obtener una alta puntuación ética, tratar bien a sus empleados, pagar correctamente a sus proveedores, reducir emisiones, auditar su cadena de suministro y publicar informes rigurosos. Pero si compite contra una empresa integrada en una arquitectura estatal que combina subsidios, crédito dirigido, energía barata, control de materias primas, mercado doméstico protegido y tolerancia a pérdidas, la puntuación ética no basta para sostener la capacidad industrial.

La pregunta que faltaba era:¿puede esta empresa seguir siendo ética si pierde la capacidad económica que le permite existir?

Ahí aparece el límite.

Una matriz ética mide valores.
Una matriz RMS debe medir también condiciones de supervivencia, resiliencia y poder competitivo.


2. La crítica de Arruñada: útil, pero insuficiente

La crítica liberal a los informes no financieros acierta en algo: muchas métricas ESG pueden convertirse en burocracia, costes de cumplimiento, información poco comparable y desplazamiento de decisiones políticas hacia la empresa.

Ese riesgo existe.

Pero la réplica no puede ser que la sostenibilidad, la dignidad laboral o el impacto social no se pueden medir.

La respuesta correcta es más sofisticada:hay dimensiones medibles, otras aproximables y otras inevitablemente cualitativas. El error es convertir todo en plantillas homogéneas de alto coste sin materialidad suficiente.

Dicho de otro modo:lo que no se mide difícilmente se mejora, pero medir mal también puede destruir valor.

La cuestión no es si medir sostenibilidad es imposible.

 La cuestión es:qué medir, para qué, con qué coste, con qué grado de comparabilidad y con qué consecuencias de mercado o regulatorias.

-Desde RMS, una métrica solo tiene sentido si mejora la capacidad del sistema.

-Si mide sin cambiar decisiones, es burocracia.
-Si cambia decisiones pero destruye competitividad, es mala arquitectura.
-Si orienta inversión, mejora proveedores, reduce riesgos, aumenta productividad, protege trabajadores y fortalece resiliencia, entonces es capacidad institucional.


3. Por qué el economista Tirole sale reforzado

Aquí Tirole sale reforzado frente a lecturas más normativas del bien común.

No porque la ética sea menos importante, sino porque la buena intención no basta. Hay que mirar incentivos, costes de cumplimiento, información disponible, asimetrías competitivas, captura regulatoria y efectos de segundo orden.

Tirole obliga a traducir el bien común a:

  • competencia;
  • instituciones;
  • incentivos;
  • información;
  • regulación inteligente;
  • evaluación rigurosa;
  • y corrección de fallos con costes explícitos.

Ese es el punto decisivo.

Una política de bien común puede fracasar si no entiende cómo reaccionan las empresas, cómo se desplazan los costes, cómo compiten terceros países y cómo se reorganizan las cadenas globales.

En el mundo actual, la secuencia viable ya no puede ser: valores → regulación → competitividad.

La secuencia debe ser:arquitectura → capacidad → incentivos → resultados → legitimidad.

O formulado de forma más política:

Europa no puede permitirse una economía del bien común sin poder económico.

Porque entonces el coste del bien común lo pagan unilateralmente sus empresas, sus trabajadores y su base industrial.


4. El límite actual de Rawls, Sen, Mazzucato y Felber

Rawls, Sen, Mazzucato y Felber aportan elementos valiosos.

Rawls ayuda a pensar justicia y equidad institucional.
Sen ayuda a pensar capacidades humanas y libertad real.
Mazzucato ayuda a pensar misiones públicas, innovación y dirección estratégica.
Felber ayuda a pensar empresa, ética, cooperación y bien común.

Pero todos ellos funcionan mejor en un entorno donde existe una base institucional compartida, cierta reciprocidad y un espacio político relativamente controlable.

El mundo actual se parece cada vez menos a eso.

China no compite como un mercado normal.
Estados Unidos tampoco actúa solo como árbitro liberal.
La empresa vuelve a ser instrumento de poder nacional.
La política industrial y comercial ya no son excepciones: son la normalidad.

En ese contexto:

Rawls corre el riesgo de quedarse en justicia sin poder.
Sen, en capacidades sin base material suficiente.
Mazzucato, en misión sin disciplina microeconómica suficiente.
Felber, en ética sin arquitectura.

La Economía del Bien Común no ofrece por sí sola una respuesta adecuada al problema del poder.

Su intuición ética sigue siendo útil. Pero necesita ser integrada en una arquitectura RMS que incorpore capacidades, dependencias, geoeconomía, incentivos, resiliencia, reciprocidad y competencia sistémica.

La frase sería: Sin arquitectura, el bien común se vuelve sacrificio unilateral. Con arquitectura, puede convertirse en contrato social sostenible.


5. De la matriz ética a la matriz RMS

La matriz original valoraba dimensiones como dignidad humana, solidaridad, justicia social, sostenibilidad, transparencia, participación democrática, relación con proveedores, trato a empleados, impacto ambiental y contribución al entorno.

La nueva matriz no debería abandonar esas dimensiones. Debería ampliarlas.

La matriz RMS de competencia sistémica debería incorporar, junto a los criterios éticos clásicos, nuevas variables:

1. Capacidad productiva.
Qué funciones reales quedan dentro del sistema europeo: diseño, fabricación, ingeniería, software, datos, mantenimiento, proveedores, certificación, escalado y conocimiento de proceso.

2. Control tecnológico.
Quién controla la propiedad intelectual, el software, los datos, las licencias, los algoritmos, el cloud, la maquinaria crítica y las capas que determinan la productividad futura.

3. Dependencia estratégica.
Qué inputs, proveedores, países, plataformas o tecnologías son difíciles de sustituir y en qué plazo.

4. Dependencia coercible.
No basta medir cuánto dependemos. Hay que medir si esa dependencia puede activarse políticamente contra nosotros en semanas mientras Europa tarda años en sustituirla.

5. Resiliencia.
Capacidad de seguir operando bajo shock energético, comercial, tecnológico, financiero, sanitario, militar o geopolítico.

6. Redes y proveedores.
Impacto sobre clusters, pymes, proveedores locales, universidades, centros tecnológicos, logística, formación y tejido empresarial.

7. Reciprocidad regulatoria.
Si los estándares exigidos dentro de Europa se aplican también, de forma proporcionada y verificable, a quienes quieren acceder al mercado europeo.

8. Coste de cumplimiento.
Carga administrativa, coste para pymes, duplicidades, proporcionalidad y utilidad real de la información exigida.

9. Externalidades sociales y ambientales.
Aquí se mantienen los criterios clásicos: trabajadores, salarios, proveedores, derechos humanos, sostenibilidad, territorio, comunidad y medio ambiente.

10. Valor estratégico neto.
La pregunta final: después de la inversión, la regulación o la alianza, ¿Europa gana o pierde capacidad de decidir bajo presión?

Esta matriz no sustituye la ética. La protege de su propia ingenuidad.

Porque una ética que no entiende el poder puede terminar debilitando a quienes intentan aplicarla.


6. La nueva secuencia europea

La secuencia viable no es:valores → regulación → competitividad.

La secuencia viable es:arquitectura → capacidad → incentivos → valores distributivos.

Primero:

  • energía competitiva;
  • capital paciente;
  • tecnología;
  • mercado integrado;
  • política industrial inteligente;
  • competencia real;
  • proveedores escalables;
  • IA aplicada;
  • universidades conectadas a empresas;
  • infraestructuras comunes;
  • y acceso estratégico al mercado europeo.

Después:

  • buena información no financiera;
  • incentivos a empresas responsables;
  • contratación pública ética;
  • reglas de reparto;
  • protección de capacidades;
  • sostenibilidad verificable;
  • trazabilidad;
  • y métricas auditables.

La fórmula operativa sería:primero poder económico e institucional suficiente; después, bien común exigible y medible.

Sin lo primero, la sostenibilidad se vuelve burocracia defensiva.

Sin lo segundo, la competitividad se vuelve mera razón de Estado.


7. El nuevo papel del mercado europeo

Europa tiene un activo estratégico que durante años no ha usado con suficiente claridad:el acceso a su propio mercado.

Cuando la obligación recae solo sobre la empresa europea, la cadena es:

regulación → coste → burocracia → desventaja competitiva.

Cuando el estándar se convierte en condición de acceso al mercado europeo, la cadena cambia:

regulación → acceso al mercado → igualdad de condiciones → poder estratégico.

Este es el giro fundamental.

Europa no debe abandonar sus estándares sociales, laborales, ambientales o de sostenibilidad. Pero debe evitar que funcionen como una carga unilateral sobre quienes producen dentro de Europa.

Si una empresa europea debe demostrar trazabilidad, diligencia debida, derechos laborales, reducción de emisiones o estándares ambientales, entonces el competidor externo que quiera vender en Europa debería cumplir exigencias equivalentes, proporcionadas y verificables.

No se trata de cerrar Europa.

Se trata de evitar que la apertura destruya la base productiva que cumple los estándares europeos.


8. Protocolo RMS, SOEI, SOIE y palancas de Monnet

La evolución de la matriz ética hacia una matriz RMS necesita instrumentos operativos.

Protocolo RMS: evaluar qué recursos moviliza una decisión, qué mecanismos activa y qué sistema deja después.

SOEI: crear un mapa permanente de dependencias, capacidades, proveedores, tiempos de sustitución y riesgos de coerción a escala nacional.

SOIE: coordinar a escala europea aquellos problemas que ningún Estado miembro puede resolver solo: energía, financiación, IA, defensa, chips, materias críticas, comercio, inversión extranjera y cadenas de suministro.

Matriz de Valor Estratégico: evaluar valor añadido, tecnología, empleo, proveedores, autonomía, datos, seguridad, resiliencia y retorno del dinero público.

Palancas de Monnet: convertir vulnerabilidades comunes en mecanismos europeos permanentes.

Esta es la aportación RMS: conectar lo que normalmente se analiza por separado.

La ética empresarial no puede separarse de la política industrial.
La sostenibilidad no puede separarse de la energía.
La diligencia debida no puede separarse de las cadenas de suministro.
La transparencia no puede separarse del poder de mercado.
La competitividad no puede separarse de la legitimidad social.


9. La tesis final

La Economía del Bien Común fue valiosa porque entendió algo antes que muchos: la empresa no puede medirse solo por su rentabilidad financiera.

Pero el mundo actual obliga a ampliar esa intuición.

Ya no basta con preguntar:¿es ética esta empresa?

También hay que preguntar:

¿Puede sobrevivir esta empresa en una competencia sistémica?
¿Qué capacidades deja dentro de Europa?
¿Qué dependencias crea o reduce?
¿Qué redes fortalece?
¿Qué costes impone?
¿Qué incentivos genera?
¿Qué autonomía conserva el sistema bajo presión?

La matriz ética debe evolucionar hacia una matriz estratégica.

No para abandonar la dignidad, la justicia social, la sostenibilidad o la transparencia, sino para hacerlas viables en un mundo donde otros actores compiten con poder, escala, subsidios, datos, tecnología y Estado.

Europa no debe renunciar al bien común para competir. Debe construir la arquitectura que permita que el bien común no sea un sacrificio unilateral, sino un contrato social sostenible.

Sin arquitectura, el bien común se vuelve coste. Con arquitectura, el bien común puede convertirse en poder europeo


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Anexos explicativos

Conceptos operativos del enfoque RMS

Estos anexos explican brevemente cinco conceptos utilizados a lo largo del análisis: Protocolo RMS, SOEI, SOIE, Palancas de Monnet y Matriz de Valor Estratégico. Su función es ayudar al lector a entender que el objetivo no es solo diagnosticar riesgos, sino crear herramientas para evaluar decisiones, inversiones, dependencias y capacidades en un entorno de competencia sistémica.


Anexo 1

Protocolo RMS

El Protocolo RMS es una herramienta de análisis para evaluar decisiones económicas, industriales, tecnológicas o regulatorias desde tres dimensiones: recursos, mecanismos y sistema.

Su pregunta central es:

¿qué recursos moviliza una decisión, qué mecanismos activa y qué sistema deja después?

No basta con saber cuánto dinero se invierte, cuántos empleos se anuncian o cuántas fábricas se construyen. Lo importante es analizar si esa decisión fortalece o debilita las capacidades reales del sistema económico.

El Protocolo RMS evalúa:

1. Recursos:
Qué activos se movilizan: capital, talento, energía, tecnología, datos, infraestructuras, empresas, universidades, proveedores o financiación pública.

2. Mecanismos:
Cómo se transforman esos recursos en capacidad: incentivos, regulación, financiación, cooperación público-privada, compra pública, política industrial, transferencia tecnológica o acceso a mercado.

3. Sistema:
Qué queda después: más autonomía, más dependencia, más productividad, más resiliencia, mejores proveedores, más conocimiento local o, por el contrario, una nueva vulnerabilidad.

La lógica del Protocolo RMS es sencilla:una política no debe evaluarse solo por lo que anuncia, sino por lo que deja.

Por eso puede aplicarse a inversiones extranjeras, ayudas públicas, regulación, compras estratégicas, alianzas industriales, proyectos tecnológicos, defensa comercial o transición energética.


Anexo 2

SOEI: Sistema Operativo Económico-Industrial

El SOEI es el sistema nacional de información, evaluación y alerta estratégica que permite conocer las dependencias, capacidades y vulnerabilidades de una economía.

Su función no es sustituir al mercado ni dirigir cada decisión empresarial. Su función es saber dónde existen riesgos críticos, qué capacidades se están perdiendo y cuánto tardaría el país en sustituir una dependencia bajo presión.

El SOEI debería mapear de forma permanente:

  • sectores estratégicos;
  • proveedores críticos;
  • cadenas de suministro;
  • dependencias tecnológicas;
  • materias primas esenciales;
  • software, datos y propiedad intelectual;
  • tiempos de sustitución;
  • vulnerabilidades ante coerción económica;
  • capacidades industriales existentes;
  • capacidades que se están erosionando;
  • inversiones extranjeras relevantes;
  • y nodos donde una interrupción podría afectar al conjunto del sistema.

La pregunta central del SOEI es:¿sabemos realmente de qué dependemos y cuánto tardaríamos en reaccionar si esa dependencia se activara contra nosotros?

Este concepto es especialmente importante porque muchas vulnerabilidades no son visibles hasta que llega el shock. Una economía puede parecer abierta, eficiente y competitiva, pero depender de un proveedor, una tecnología, un país, una materia prima o una plataforma que no puede sustituir rápidamente.

Desde RMS, el SOEI es el sistema nervioso del análisis económico-industrial: detecta dependencias, anticipa riesgos y permite tomar decisiones antes de que la vulnerabilidad se convierta en crisis.


Anexo 3

SOIE: Sistema Operativo Industrial Europeo

El SOIE es la propuesta de una arquitectura europea común para coordinar industria, energía, financiación, tecnología, comercio, defensa, datos, formación, universidades, inversión extranjera y seguridad económica.

Parte de una constatación:

China actúa cada vez más como sistema. Estados Unidos también. Europa, en cambio, actúa demasiadas veces como 27 estrategias nacionales dispersas.

El SOIE no sería una política industrial más, sino una capa de coordinación europea para convertir recursos dispersos en capacidades estratégicas comunes.

Europa tiene mercado, ciencia, talento, empresas, ahorro, universidades, regulación e industria. Pero esos recursos no siempre se convierten en poder productivo porque faltan mecanismos comunes de escala, financiación, ejecución y coordinación.

El SOIE debería ayudar a responder preguntas como:

  • qué capacidades críticas debe controlar Europa;
  • qué dependencias son aceptables y cuáles son peligrosas;
  • qué sectores necesitan escala europea;
  • qué tecnologías deben desarrollarse dentro del sistema europeo;
  • qué inversiones extranjeras fortalecen capacidades y cuáles generan dependencia;
  • qué papel deben jugar la compra pública, los estándares y la regulación;
  • cómo coordinar ayudas públicas sin fragmentar el mercado interior;
  • y cómo proteger a las empresas europeas sin caer en proteccionismo improductivo.

La idea central es:Europa debe dejar de responder con piezas sueltas a rivales que actúan como arquitecturas completas.

El SOIE permitiría pasar de una Europa reguladora y fragmentada a una Europa capaz de producir, financiar, proteger y escalar capacidades estratégicas.


Anexo 4

Palancas de Monnet

Las Palancas de Monnet hacen referencia a una adaptación del método histórico de integración europea: convertir problemas comunes en instituciones, reglas y mecanismos permanentes.

La lógica es sencilla:

cuando una vulnerabilidad afecta a todos, la respuesta no puede seguir siendo nacional, dispersa y temporal. Debe convertirse en una capacidad europea común.

Jean Monnet entendía la integración europea como un proceso práctico: identificar una interdependencia, crear una institución común y transformar una crisis en un mecanismo estable de cooperación.

Aplicado al presente, las Palancas de Monnet consisten en convertir vulnerabilidades estratégicas en herramientas europeas permanentes.

Por ejemplo:

  • si la energía es una vulnerabilidad común, crear mecanismos europeos de redes, almacenamiento, permisos e inversión energética;
  • si los chips son una dependencia crítica, construir programas europeos de semiconductores;
  • si la IA afecta a productividad, defensa y ciencia, crear plataformas europeas de IA industrial;
  • si las materias primas críticas son un cuello de botella, coordinar compras, reciclaje, minería, refino y acuerdos con socios;
  • si la inversión extranjera puede generar dependencia, coordinar criterios europeos de evaluación;
  • si la financiación está fragmentada, avanzar hacia mercados de capitales y fondos europeos de capacidades estratégicas.

La pregunta central de las Palancas de Monnet es:¿qué vulnerabilidad europea puede transformarse en una nueva capacidad común?

Su importancia es política e institucional. Europa no necesita solo diagnósticos. Necesita convertir sus shocks en mecanismos de integración, aprendizaje y poder estratégico.


Anexo 5

Matriz de Valor Estratégico

La Matriz de Valor Estratégico es una herramienta para evaluar inversiones, proyectos, ayudas públicas, alianzas o entradas de capital extranjero según el valor real que dejan dentro del sistema europeo.

Su objetivo es evitar una confusión habitual:no toda inversión es capacidad; no toda fábrica es autonomía; no todo empleo inicial fortalece el sistema.

Una inversión puede anunciar muchos millones, crear empleo y generar actividad, pero seguir dejando fuera de Europa la tecnología, el software, los datos, la propiedad intelectual, los componentes críticos, los proveedores clave o la decisión estratégica.

Por eso la Matriz de Valor Estratégico evalúa varias dimensiones:

1. Valor añadido:
Qué parte del valor se queda realmente en Europa.

2. Tecnología:
Quién controla la propiedad intelectual, el software, los datos, las licencias, la maquinaria crítica y el conocimiento de proceso.

3. Empleo y formación:
Qué tipo de empleo se crea y si mejora las capacidades técnicas del territorio.

4. Proveedores:
Si activa proveedores europeos o si importa la mayor parte de los componentes críticos desde fuera.

5. Autonomía operativa:
Si la planta, empresa o proyecto puede seguir funcionando bajo tensión geopolítica o interrupciones externas.

6. Seguridad económica:
Si reduce o aumenta vulnerabilidades estratégicas.

7. Datos y control digital:
Quién controla los datos industriales, el cloud, los algoritmos y la capa digital del proceso productivo.

8. Retorno del dinero público:
Si las ayudas públicas dejan capacidades permanentes o solo subvencionan actividad temporal.

9. Resiliencia:
Capacidad de resistir shocks energéticos, comerciales, financieros, tecnológicos o geopolíticos.

10. Valor estratégico neto:
Balance final entre beneficios económicos, riesgos, dependencias y capacidades creadas.

La pregunta central de esta matriz es:después de esta inversión, ¿Europa tiene más capacidad de decidir bajo presión o menos?


Relación entre los cinco conceptos

Estos cinco instrumentos forman parte de una misma lógica.

El Protocolo RMS ofrece el método general: analizar recursos, mecanismos y sistema.

El SOEI aporta el mapa nacional de dependencias, capacidades y vulnerabilidades.

El SOIE eleva esa coordinación al plano europeo.

Las Palancas de Monnet explican cómo convertir vulnerabilidades comunes en mecanismos permanentes de integración.

La Matriz de Valor Estratégico permite evaluar cada inversión o proyecto según las capacidades reales que deja.

En conjunto, estos conceptos responden a una misma pregunta:¿cómo puede Europa convertir recursos dispersos en capacidades estratégicas sostenibles?

La respuesta RMS es clara:no basta con tener empresas, capital, ciencia o mercado. Lo decisivo es construir los mecanismos y el sistema que convierten esos recursos en autonomía, resiliencia, productividad y poder de decisión

Tabla comparativa final

ConceptoQué esPara qué sirvePregunta centralEscala principalResultado esperado
Protocolo RMSMétodo de análisis basado en recursos, mecanismos y sistema.Evaluar decisiones económicas, industriales, tecnológicas o regulatorias.¿Qué recursos moviliza, qué mecanismos activa y qué sistema deja?Empresa, sector, país o UE.Decisiones mejor evaluadas por capacidades reales, no solo por anuncios.
SOEISistema nacional de información y alerta económico-industrial.Mapear dependencias, proveedores, capacidades, vulnerabilidades y tiempos de sustitución.¿De qué dependemos y cuánto tardaríamos en reaccionar bajo presión?Nacional.Anticipar shocks y reducir dependencias críticas antes de que se conviertan en crisis.
SOIEArquitectura europea de coordinación industrial, energética, tecnológica, financiera y comercial.Convertir recursos europeos dispersos en capacidades estratégicas comunes.¿Cómo puede Europa actuar como sistema y no como 27 estrategias separadas?Unión Europea.Escala europea, coordinación, autonomía estratégica y capacidad de competir frente a otras arquitecturas.
Palancas de MonnetMétodo para convertir vulnerabilidades comunes en mecanismos europeos permanentes.Transformar crisis o dependencias compartidas en integración práctica.¿Qué vulnerabilidad europea puede convertirse en una nueva capacidad común?Unión Europea e instituciones comunes.Más integración, más resiliencia y nuevas herramientas permanentes de acción europea.
Matriz de Valor EstratégicoHerramienta de evaluación de inversiones, ayudas, alianzas y proyectos.Medir qué valor real queda en Europa: tecnología, proveedores, empleo, datos, autonomía y resiliencia.Después de esta inversión, ¿tenemos más capacidad de decidir bajo presión o menos?Proyecto, empresa, inversión o sector.Distinguir inversión real de dependencia localizada; priorizar proyectos que dejan capacidades estratégicas.

Lectura conjunta

La tabla muestra que los cinco conceptos no son piezas separadas, sino partes de una misma arquitectura.

El Protocolo RMS da el método.
El SOEI aporta el mapa nacional.
El SOIE aporta la coordinación europea.
Las Palancas de Monnet convierten vulnerabilidades en instituciones.
La Matriz de Valor Estratégico evalúa cada proyecto concreto.

En conjunto, permiten pasar de una política económica basada en intenciones, anuncios o importes movilizados a una política económica basada en una pregunta mucho más exigente:

¿Qué capacidades quedan dentro del sistema cuando desaparecen la ayuda, la protección o el socio externo

De la matriz ética a la matriz RMS de competencia sistémica

Evolución necesaria de la matriz ética hacia una matriz RMS adaptada a competencia sistémica, geoeconomía, IA, dependencia y poder.

-La matriz ética era necesaria, pero hoy es insuficiente.
Medir dignidad, justicia social, sostenibilidad, transparencia e impacto social sigue siendo valioso. Pero en un mundo de competencia sistémica también hay que medir poder, dependencia, resiliencia y capacidad estratégica.

-Si Europa exige estándares altos solo a sus propias empresas, pero no crea condiciones equivalentes para quienes venden en su mercado, convierte la ética en desventaja competitiva

-La regulación no debe ser solo coste interno. Debe funcionar como condición de acceso: quien quiera vender en Europa debe cumplir estándares proporcionados, verificables y equivalentes.

-RMS amplía la matriz ética hacia una matriz de competencia sistémica.

El Protocolo RMS, el SOEI, el SOIE, las Palancas de Monnet y la Matriz de Valor Estratégico permiten evaluar no solo si una empresa es responsable, sino qué capacidades deja, qué dependencias crea y si Europa gana autonomía bajo presión.

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