En este blog se debaten articulos relacionados con la transición siguiendo el enfoque del bien común,con las propuestas de J.Tirole, S.Zamagni, C.Felber,etc.
Genial y radical Bruno Latour: cómo pasé de la desazón a la fascinación ante su obra
Cuando
leí por primera vez al filósofo recién fallecido, no sabía a ciencia
cierta si había leído una desvergonzada provocación o estaba ante una
obra genial, novedosa y radical
Recuerdo con claridad el primer libro que leí del filósofo y sociólogo de la ciencia Bruno Latour, fallecido el pasado 9 de octubre, así como la profunda desazón que me produjo su lectura. Desde entonces, los libros de Latour (y lo mismo me pasa con Feyerabend)
me han dejado la sensación de salir con algunos golpes mal encajados,
pero con varias cosas valiosas e inspiradoras en los bolsillos. Fue en
el año 1992, fecha en la que la añorada editorial Labor acababa de
publicar su Ciencia en acción.
Yo era entonces un joven profesor que apenas iniciaba su carrera y que
estaba cada vez más interesado por la filosofía de la ciencia. Había
leído con detenimiento a John Stuart Mill, a Popper, a Kuhn, a Feyerabend y a Lakatos.
Digamos que estaba ya al tanto de las grandes disputas en el área y de
la existencia de posiciones muy críticas con respecto a la imagen
idealizada de la ciencia que el positivismo lógico y el racionalismo
popperiano nos habían legado. Pero no estaba preparado para lo que Latour me tenía reservado. Al
terminar el libro, no sabía a ciencia cierta si había leído una
desvergonzada provocación o estaba ante una obra genial, novedosa y
radical. En aquel momento, todo sea dicho, me inclinaba más por lo
primero y tardé en verlo de otro modo.
Latour no se limitaba a subrayar la importancia del contexto social para
entender la marcha de la ciencia, cosa que ya habían hecho otros, como
Kuhn, sino que venía a decir que la propia objetividad científica no es
el resultado de conocer correctamente la realidad a través de métodos
rigurosos de contrastación empírica que garantizan lo alcanzado, sino el
producto de las prácticas científicas (la ciencia en acción), que son
las que construyen dicha objetividad cuando el trabajo se da por concluido.
En esa época, bajo la influencia del filósofo finlandés Ilkka Niiniluoto, mis simpatías empezaban a decantarse por el realismo científico,
una posición filosófica opuesta a esta en la que luego he trabajado
durante años. El realismo científico explica el éxito de la ciencia
basándose en la idea de que las teorías científicas son aproximadamente
verdaderas y que el progreso científico obedece a que vamos mejorando
los métodos que nos permiten eliminar las falsedades y obtener teorías
con un creciente contenido de verdades. Nada podía, pues, contrariar más mis convicciones epistemológicas.
La
propia objetividad científica no es el resultado de conocer
correctamente la realidad, sino el producto de las prácticas científicas
Quizá no esté de más aclarar la diferencia entre el realismo y el constructivismo de Latour
con un ejemplo. Supongamos que hay por ahí una molécula, o un virus, o
un microorganismo que lleva cumpliendo una función útil o afectando
negativamente al ser humano desde hace tiempo. Por las razones que sea,
pero también por el deseo de conocer mejor el mundo, los científicos
deciden aislar dicha entidad natural y estudiar su estructura y los
mecanismos causales relevantes en la afectación al ser humano. Esto
implica mucho esfuerzo y trabajo, y el despliegue de un sofisticado dispositivo experimental.
Al principio formulan hipótesis rivales sobre ello, basadas en
supuestos teóricos distintos o en datos dispares, y es imposible decir
cuál triunfará. Después de semanas/meses/años de estudio, a la luz de la
evidencia empírica obtenida, los científicos parecen estar de acuerdo
en cuál es la estructura y función (positiva o negativa para el ser
humano) de esa molécula/virus/bacteria, etc. Ahora puede decirse que
sabemos algo que antes no sabíamos acerca de un ente natural y es el momento de empezar a aprender cómo controlarlo.
Los científicos tienen intereses
Todo esto puede parecer bien a muchos, pero hay otra forma muy distinta de describirlo:
los científicos tienen interés profesional (por presión social, por
necesidad de hacer una carrera, por intereses económicos, etc.) en
investigar una cuestión que involucra a una entidad que solo en el
laboratorio se convierte en lo que consideramos que es
(molécula/virus/bacteria, etc.). Analizan la cuestión durante
semanas/meses/años en un proceso muy costoso, dados los recursos
culturales, humanos y técnicos que hay que invertir en la investigación.
Elaboran hipótesis para dar cuenta de lo observado en los laboratorios y
los resultados de las manipulaciones realizadas por medio de una
tecnología sofisticada. Todo este proceso de discusión de los diversos
resultados por parte de numerosos científicos va dando carta de
naturaleza, es decir, va dotando de realidad a lo que antes no era más que un tema de investigación interesante.
Finalmente, una hipótesis triunfa sobre las demás porque sus defensores
han sabido utilizar mejor los recursos disponibles y manejar con más
audacia las relaciones de poder. En ese momento, la realidad cuenta ya
con una nueva entidad (molécula/virus/bacteria, etc.) que antes no
existía. Ha sido creado un objeto nuevo que no es ni natural ni social,
sino una mezcla inextricable de ambas cosas. Atribuirle a dicho objeto
una existencia natural previa a este proceso de constitución resultaría
ingenuo (y anacrónico) e ignoraría la complejidad del andamiaje social (instituciones, laboratorios, financiación, educación, discusiones...) que ha hecho posible hablar siquiera de él.
La primera descripción es la del realista, la segunda la del constructivista.
Puntualicemos, no obstante, que el realista prioriza los fines
epistémicos, pero no descarta por completo otros objetivos en la
ciencia. Admite, claro está, que la ciencia es una construcción social,
como cualquier otra institución humana, pero la realidad que se estudia
no lo es y tampoco lo es la validez empírica de los resultados. Los
intereses epistémicos son primordiales en la ciencia puesto que la
ciencia es, ante todo, una forma de conocimiento. Los factores sociales
que posibilitan y conforman la actividad científica no determinan el
resultado de la investigación, aunque sean necesarios para motivarla y
conducirla. Marcan la importancia relativa que se otorga a los temas, la
provisión de recursos, la estructuración de la comunidad, los cauces de
discusión, etc., pero la validez del conocimiento es independiente de su dictado.
Latour asumió el constructivismo con todas sus consecuencias en el famoso artículo '¿Murió Ramsés II de tuberculosis?'
Esa es la mejor manera de entender la actividad científica según el
realista: como una forma de obtener conocimiento fiable sobre el mundo. Lee McIntyre ha sabido caracterizar bien lo que él llama la actitud científica.
Consiste en la disposición comunitaria (institucionalizada), basada en
la competición y en la crítica, pero también en la colaboración, para cambiar de ideas en función de la evidencia empírica, con independencia de cuáles sean las convicciones y orientaciones que se mantengan los individuos.
Latour, sin embargo, asumió el constructivismo con todas sus
consecuencias en un famoso artículo que todavía genera polémica,
publicado inicialmente en 1998 en la revista de divulgación La Recherche
y titulado “¿Murió Ramsés II de tuberculosis?”.
Su respuesta a la pregunta del título es que, pese a lo que pudieran
decir los expertos que analizaron la momia en París, Ramsés no pudo
haber muerto de tuberculosis porque “antes de Koch, el bacilo no tenía existencia real”.
Sería, pues, tan anacrónico decir que Ramsés murió de tuberculosis como
decir que murió ametrallado, pues trasladaríamos con ello al pasado
todo nuestro conocimiento actual y todo lo que nos posibilita la moderna
tecnología.
Obviamente, esto chocaba contra el
sentido común (y contra lo que diría un realista). El bacilo de Koch
estaba actuando mucho antes de que Koch lo descubriera y estudiara en
1882. Sería un anacronismo decir que Ramsés murió de tuberculosis si en
una novela histórica dicha frase se pone en boca de uno de sus
contemporáneos, pero no es ningún anacronismo que lo diga un médico o un
biólogo de hoy. Puede concederse a Latour que el bacilo de Koch,
entendido como un elemento activo dentro de un conjunto de relaciones
sociales, tecnológicas, científicas, cognitivas, etc. no existía antes
de Koch, pero sí existía el bacilo en tanto que organismo vivo; una bacteria, producto de una evolución biológica y causante de una determinada enfermedad en humanos y animales.
La vida en el laboratorio
La lectura de 'Ciencia en acción' me había interesado mucho, pese a la
discrepancia de perspectivas que señalo, y eso, unido a la fama
creciente de Latour, me llevó a la lectura de la que hasta entonces
había sido su obra más influyente, La vida en el laboratorio. La construcción de los hechos científicos, publicada en 1979 y escrita con Steve Woolgar, un sociólogo de la ciencia que luego mantuvo tesis antirrealistas más radicales que las de Latour.
Se trata de un trabajo sorprendente. Latour y Woolgar consiguieron ser
aceptados en el Salk Institute for Biological Studies de Texas, en el
laboratorio de Roger Guillemin, para estudiar a los
científicos desde la perspectiva de los antropólogos, es decir, del
mismo modo que estudiarían a “una tribu en Costa de Marfil”, cuaderno en
mano. Se da la circunstancia de que poco después, en 1977, Guillemin
obtuvo premio Nobel precisamente por la investigación que ellos iban a
presenciar. En el libro se nos explica que las negociaciones de los científicos son las que constituyen el objeto mismo y
hacen que algo sea considerado un hecho, en este caso concreto la
estructura de la hormona TRH, hormona liberadora de tirotropina. Hay que
invertir, por tanto, el modo en que explicamos cómo procede la ciencia.
Como ya había sostenido en Ciencia en acción, no es la realidad ni la
evidencia basada en los hechos lo que cierra las controversias
científicas y lleva al consenso. Lo que consideramos como la realidad es
la consecuencia y no la causa del cierre de las controversias. La realidad es lo que terminamos aceptando tras ese cierre porque sería demasiado costoso modificarlo.
Quizás la crítica que más daño hizo a su prestigio fue la de Alan Sokal y Jean Brickmont en 'Imposturas intelectuales'
Estas tesis fueron duramente atacadas por sus críticos, en especial
desde el lado realista, pero no solo. Quizás la crítica que más daño
hizo a su prestigio fue la de Alan Sokal y Jean Bricmont en 'Imposturas
intelectuales', un libro que fue pieza central en las llamadas 'Guerras
de la ciencia'. Allí le acusan de confundir algunas perogrulladas,
como que las teorías científicas son construcciones sociales y que la
naturaleza por sí sola no puede explicar el cierre de una controversia
científica (las controversias científicas no suelen ser del tipo “mira
los hechos y cierra la boca”), con las ideas absurdas de que la
naturaleza que esas teorías pretenden conocer es una construcción social
y que el modo en que son las cosas no impone ninguna constricción a las controversias.
Con el tiempo, las ideas epistemológicas y los intereses temáticos de Latour fueron cambiando y diversificándose. Se alejó del constructivismo social estricto, buscando un retorno a cierta “actitud realista”
y concediendo también un papel explicativo en el desarrollo del
conocimiento a lo que podríamos llamar el lado natural, aunque sin
olvidar que “un hecho solo es un cordero frente a los lobos”.
Dejo aquí de lado inevitablemente cualquier comentario sobre sus
influyentes trabajos en historia de la ciencia y de la tecnología o
sobre sus propuestas teóricas en sociología de la ciencia, que
afianzaron aún más su fama mundial, como la teoría del actor-red. Pero quiero destacar dos libros más que me interesaron de forma especial.
El primero de ellos es Nunca hemos sido modernos.
Para algunos comentaristas este es quizás su mejor trabajo, y merecería
una reimpresión. Para mí supuso un reencuentro fructífero con su
pensamiento, esta vez desde una perspectiva más cercana a la suya. En
esa ocasión yo andaba tras reflexiones críticas acerca del
postmodernismo y Latour argumentaba que difícilmente podemos haber sido postmodernos cuando ni siquiera es seguro que hayamos sido modernos.
Aquí teníamos por fin un punto de coincidencia: el proyecto moderno no
se había realizado, al menos no completamente. Su idea de la
“proliferación de híbridos” entre lo natural y lo social, como el
agujero en la capa de ozono, me pareció fecunda desde una perspectiva
realista.
Estos días, en algunos lugares se le ha llamado, un poco exageradamente, el filósofo del cambio climático
Finalmente, el último libro suyo que he leído con enorme interés es Dónde aterrizar,
publicado en español en 2019. Pertenece a la última fase de su
pensamiento en la que se volcó en los problemas planteados por el cambio
climático y el deterioro del planeta a manos del ser humano. Estos
días, en algunos lugares se le ha llamado, un poco exageradamente, el
filósofo del cambio climático. En este libro denuncia, entre otras
cosas, cómo las élites económicas y las clases dirigentes en general se
están desentendiendo del asunto y preparan la huida, construyendo
refugios donde sobrevivir cuando el colapso sea inevitable o
encerrándose mentalmente en tecno-utopías poco realistas, como la
transhumanista. Se promueve así la desconexión, el sálvese quien pueda. Hoy este mensaje es casi un tópico, pero leído de su puño y letra no deja de ser un tirón de solapas.
Latour señala el aumento de las desigualdades económicas y sociales, de
las actitudes negacionistas o quietistas, el auge del populismo, la
desregulación y las grandes migraciones, como partes conectadas en el
entramado de los desafíos globales a los que nos enfrentamos.
En el libro busca un lugar donde aterrizar, donde volver a tocar tierra
firme en un planeta que ya sabemos limitado, porque “si la angustia es
tan profunda es porque empezamos a sentir que el suelo desaparece bajo
nuestros pies. Porque estamos descubriendo, con relativa claridad, que
todos estamos en migración hacia territorios por redescubrir y por
reocupar”.
En 2021 recibió el Premio Kyoto,
algo parecido a un Nobel de filosofía. Creo que la mayoría de la
comunidad de profesionales de la filosofía lo vio como un premio
merecido, porque, después de todo, Latour ha sido uno de los filósofos que más nos ha hecho pensar en estos años, como espero haber mostrado en esta personal selección de sus obras.
La reciente partida del pensador francés Bruno Latour
es sin lugar a dudas una gran pérdida para quienes hemos seguido su
trabajo por su enorme contribución para los tiempos actuales y que
creemos en la necesidad urgente de un giro en cómo hemos entendido la
sociología tradicionalmente.
A
nivel personal y biográfico, mi acercamiento al trabajo de Latour fue en
el año 2008, luego de titularme como sociólogo en la universidad en
Chile y leer la versión traducida al castellano de su libro Reensamblar lo social: Una introducción a la Teoría del Actor Red.
La
lectura de aquel libro transformó radicalmente mi forma de concebir la
disciplina y ampliar un canon de pensamiento que históricamente ha sido
dominado por una concepción antropocéntrica de lo que entendemos como
social y una mirada de lo ambiental específica, como si fuera solo una
mera subdisciplina.
Es
así, que si bien mi formación como sociólogo, a nivel teórico como
metodológico, incorporó a las grandes tradiciones epistemológicas de las
Ciencias Sociales europeas, han sido incapaces en buena parte de ellas
en salirse de la separación histórica moderna entre cultura y
naturaleza, sean estas funcionalistas, estructuralistas,
fenomenológicas, marxistas o sistémicas.
Es
cosa de revisar algunos conceptos sociológicos fundamentales para la
disciplina, como lo son la lucha de clases, diferenciación funcional,
división del trabajo, campos sociales, sistemas sociales, mundos de la
vida, aparatos sociales, estructuras sociales, los cuales han excluido
de su análisis la capacidad de agencia de lo no humano.
De
ahí la interesante y ecléctica crítica posthumanista realizada por Bruno
Latour a toda una larga tradición sociológica, que ha empobrecido la
noción de lo social, la cual se ha reducido a relaciones entre seres
humanos solamente, como si la sociedad fuera un dominio autónomo y capaz
de sostenerse por sí mismo.
Ante
esto, que Latour nos haya propuesto una mirada constructivista de un
mundo socionatural y sociotécnico, pero que incorpora de manera
simétrica a los no humanos en la producción del planeta, lo que es sin
duda una ruptura enorme con la separación y dicotomía entre Ciencias
Sociales y Ciencias Naturales.
No
es casualidad, por tanto, que Latour se haya vuelto un autor
imprescindible para dar respuesta a la crisis ambiental que nos
encontramos, la cual se ha vuelto la principal amenaza de nuestros
tiempos y una problemática que es imposible entenderla desde miradas
reduccionistas del conocimiento.
En
otras palabras, la mirada de Latour nos ayuda a comprender las causas y
consecuencias ecológicas del Antropoceno, entendido este como época
geológica generada por la acción humana, iniciada desde el nacimiento de
la agricultura y profundizada con la Revolución Industrial, la cual
está poniendo en peligro las condiciones mínimas para la reproducción de
la vida en el planeta.
Lamentablemente,
lo ambiental sigue siendo visto como un área específica de
investigación o intervención, en donde la política institucional no ha
sido capaz de entregarnos alternativas sostenibles para vivir en la
Tierra, profundizando así modelos económicos productivistas y
extractivistas, que han heredado las bases antropocéntricas del proyecto
moderno.
En
consecuencia, seguimos experimentando el mundo como si no fuéramos parte
de este, sino como meros individuos completamente separados de lo que
entendemos como Naturaleza, la cual la vivimos como algo externo a
nosotros, a pesar de los cada vez más frecuentes efectos de la crisis
ambiental.
Frente
a aquello, Latour toma la noción de Gaia, que al igual que otras
denominaciones más integrales y relacionales como Pachamama o Madre
Tierra, son mucho más amplias que la idea occidental y colonial de
Naturaleza, ya que es construida por todos los seres vivos de manera
conjunta y entrelazada, y no como algo exterior a nosotros mismos.
Por
lo mismo, fenómenos generados por la crisis ambiental, como lo son la
desertificación, deforestación, migración climática, derretimiento de
los polos, extinción de flora y fauna, falta de agua dulce, aumento de
incendios, huracanes, nos obligan a replantearnos cómo estamos viviendo y
construir así un horizonte distinto.
Tomando
en consideración todo lo anterior, el cómo nos relacionemos
socioamentalmente es clave. Y más aún en una región como América Latina y
el Caribe, debido a su enorme biodiversidad e importancia de sus bienes
comunes naturales para toda la Tierra.
Así,
la lectura de Latour se vuelve una invitación a concebir y experimentar
el planeta desde un lugar que pareciéramos querer seguir tomando
distancia a pesar de todo lo que ha pasado.
Lecture given for the 150 anniversary of Sciences Po, Paris, on the 16th of september 2022
Abstract
Ladies and gentlemen, I first
reminded you of Emile Boutmy project; I then sketched, alas very
superficially, the new curriculum necessary to fulfill our duties as
educators in the New Climatic Regime; and I concluded, again much too
briefly, on the big turnaround that will shift the research university
out of a model so ill-adapted for a situation it could not anticipate. I
apologise that I have not found a better way to entertain you during
the celebration of our School which more than ever deserves a Latin
motto: “primus sine paribus”. Thank you for your patience.
A lecture for the International Congress of the European Society for Catholic Theology, Osnabrück, August 2021
(translated by Sam Ferguson)
Abstract
Since I am unable to speak as a
theologian at this conference, I am addressing you as someone who has
tried to grasp what the ecological mutation is doing to philosophy; and
also as someone who has always been inspired by Catholicism, and has
been frustrated at being unable to transmit its message to my loved
ones. So in this lecture I shall try to link these two crises: that of
ecology and that of transmission. I want to see if a different
understanding of the mutation currently under way would make it possible
to revisit the message in a different way. I will proceed in three
stages: in the first part I will define the contrast between
cosmological projection and preaching; in the second part I will list
some points where, in my view, the change of cosmology provides a new
opening for certain traditional questions of transmission and preaching;
finally, I would like to summarise the present situation, as I see it,
by presenting a riddle that will, I hope, open up the discussion.
Held at La maison de la Poésie in Paris with Emmanuele Coccia,
introduced and translated by Stephen Muecke and published on the web by Asymptote the French video is accessible here.
Abstract
This is the first time that the
philosopher, social scientist, 2013 Holberg Prizewinner, and, as of last
month, recipient of a Kyoto Prize Bruno Latour has spoken extensively
about his writing practices while denying that he is a ‘writer’ in the
strictly literary sense. Drawn out sensitively and expertly by Emanuele
Coccia, himself a writer on ecologies, we discover much more about
Latour, the writer of networks. He has become such an active ‘agent’ in
literary and scholarly networks that he is now perhaps this century’s
most cited intellectual. There must be something about what and how he
writes that attracts citations, that makes people want to repeat what he
says, paraphrase it or comment on it, creating in the end a huge
literary network in which the author’s name is centrally suspended. It
would be too easy to put it down to genius, or to a passionate
engagement with ‘matters of concern’. These no doubt are factors, but
what he and his friend Emanuele explore here is a different kind of
environment for the writer to inhabit and flourish in, a kind of
political ecology that is of planetary significance, but one that is
nonetheless firmly grounded and practically negotiable.
Lecture given for the reception of the Spinozalens prize, Nijmegen, 23 November 2020
Abstract
Lecture given on the 23rd of
November at Radboud Reflects Nijmegen at the occasion of the Spinozalens
prize 2020. Arjen Kleinherenbrink asks questions after the lecture.
BL was asked to reminisce about the argument first proposed in 1989 on a
possible « Parliament of Things ». Thirty years later, we have moved
from a question which could be solved by an expansion of parliamentary
politics — in the way Rousseau’s version of the social contract or
Serres’ natural contract. But we have move to a much more tragic
situation. The question is no longer to grand rights to non humans, but
to accept to be dependent on them. The lecture uses the “Embassy of the
North Sea” — sponsor of the prize — to give practical example of the
shift in understanding political ecology.
A lecture given at the Royal Anthropological Institute conference on Geography and Anthropology, Past Present Future,
16 September 2020
Abstract
I will start from a fairly old,
not to say reactionary, formulation of the problem: which people live on
which soil? This will recast the question of the symposium, as I
understand it, on the new connections between geography and
anthropology.
I will use the lockdown episode due to the pandemic as a fairly good
natural experiment, so to speak, because everyone of us had to undergo a
sort of general revision of the two aspects of this problem: we had to
relocalise on a different soil because, suddenly, the borders between
the global, the national and the local were reshuffled; and we had to
rethink quite seriously which sort of people we were, especially because
of the sudden suspension of the Economy and the revelation of class
differences that had previously remained in the background. So, in
effect, the lockdown is adding a very practical, not to say existential
dimension, to the academic question of connecting geography and
anthropology anew.
Who needs a philosophy of history? A proposition followed by a response from Dipesh Chakrabarty
In the special issue “Historical Thinking and the Human”, Journal of the
Philosophy of History 14 (3), 2020, 419–454, eds. Marek Tamm and Zoltán
Boldizsár Simon
Abstract
The background of my piece is that
Chakrabarty’s introduction of the Planetary triggered a seism in
philosophy of history: if the Planetary emerges so late then all the
other moments of what used to be called “history” are taking place on a
ground that has lost its stability. Neither the World, nor the Globe,
nor the Earth, nor the Global — to take a few of the steps he recorded —
are actually the places where humans reside. Hence the deep suspicion
projected backward as to why the distance separating the places the
Moderns inhabited from those they thought they were inhabiting was not
recognized earlier. A deep source of inauthenticity is revealed every
time we engage more thoroughly in the Anthropocene. Geohistory breaks
down any claim to have a human-oriented history. Hence the new ground
for critique that is provided by realizing we live in the well named
critical zone. Just at the time that critique had lost its steam, the
simple fact of being violently transported onto the critical zone gave a
new edge to a ferocious revision of Modernity. The civilization that
had claimed to be the discoverer of the world was now dispersed over
many incommensurable “planets” — the Planetary being one of the names
for our present situation. The aim of this piece and of Chakrabarty’s
response is to give a spatial and geopolitical ground to counteract the
notion of the arrow of time implied so far by philosophies of history.
Timothy Lenton, Sebastien Dutreuil & Bruno Latour The Anthropocene Review 2020
Abstract
Article accessible on TAC website
The triumph of the Gaia hypothesis was to spot the extraordinary
influence of Life on the Earth. “Life” is the clade including all extant
living beings, as distinct from “life” the class of properties common
to all living beings. “Gaia” is Life plus its effects on habitability.
Life’s influence on the Earth was hard to spot for several reasons:
Biologists missed it because they focused on life not Life;
Climatologists missed it because Life is hard to see in the Earth’s
energy balance; Earth system scientists opted instead for abiotic or
human-centred approaches to the Earth system; Scientists in general were
repelled by teleological arguments that Life acts to maintain habitable
conditions. Instead we reason from organisms’ metabolisms outwards,
showing how Life’s coupling to its environment has led to profound
effects on Earth’s habitability. Recognising Life’s impact on Earth and
learning from it could be critical to understanding and successfully
navigating the Anthropocene.
Translations
Dutch translation
« Uitbreiding van het domein van de vrijheid, of waarom Gaia zo moelijk te begrijpen valt »
Het Parlement Van de Dingen,
2020, Boom, Amsterdam. pp 125-156]
"Seven Objections Against Landing on Earth” Introduction to the
book Critical Zones — The Science and Politics of Landing on Earth (a
volume prepared at the occasion of the exhibition Critical Zones —
Observatories for Earthly Politics, ZKM, May-October 2020, MIT Press
2020
Abstract
— “Landing on Earth? Why would
anyone attempt to land there? Are we not already on Earth?”
Well, not quite! And that’s the circumstance this book tries to present
to the inquiring reader: it seems that there has been in the past some
misinterpretation over what it means to be earthly. If you believe it
means “practical”, “mundane”, “secular”, “material” or even
“materialist”, you’re in for a surprise.
If members of modern industrial societies prided themselves on being
“down to earth”, “rational”, “objective” and above all “realist”, they
seem to suddenly discover that they need an Earth to continue to live —
and live well. Should they not have carefully surveyed the span, size
and location of the very land inside which they were supposed to reside
and spread? Is not surveying and mapping what they had been doing when
they engaged for centuries in what they still celebrate as the “age of
great discoveries”? How odd that, after having assembled so many maps of
so many foreign lands, collating so many views from so many landscapes,
drawing so many versions of what they called “the Globe”, they now
appear taken aback by the novelty of this newly emerging Earth? Of all
people, should they not have been the best prepared for such a
discovery?
Traduction par Stephen Muecke of ‘Troubles dans l’engendrement’,
Bruno Latour interviewed by Carolina Miranda. Revue du crieur N° 14, La
Découverte/Mediapart, 2019. Carolina Miranda could be a Chilean
ethnologist and documentary filmmaker. They might have met on the 10th
of June 2019 in Chatelperron. The form of the spoken language has been
retained as much as possible. (unpublished in English but available on Academia)
CM — This time I’d like to talk to
you about politics, rather than about your philosophy or anthropology.
You will appreciate the importance of this, for me, coming from Latin
America, especially after the publication of Down to Earth. We are all
bursting with questions.
BL—How do you mean, ‘we’?
CM —Lots of people were surprised by this, your first really political
book, very committed even, even left wing, and I’m acting as a
go-between for a fair number of political groups, activists, not just
academics. A lot of people back home are reading you in Spanish.
BL —And yet The Politics of Nature came out in 1999, and politics plays
an essential role in Inquiry into the Modes of Existence. And if you
type ‘politics’ into my webpage, it is the most common word after
‘science.’ Are your friends just finding out that I’m interested in
politics? For thirty years I have been worried about the danger of it
disappearing as a fundamental practice, and as a unique mode of
expression.
CM — I know, I know. I hope we will have time to talk about it. But
still, you wrote Down to Earth differently and for a different audience.
And isn’t it the first time you have drawn connections in such a clear
way with classical leftist ideas?
BL — They are just more explicit, and yes, in another style.
Afterword of the 2017 meeting at Cini Foundation, San Giorgio, Venice
Abstract
How in our right mind could we
have the idea of convening in one three-day meeting political
philosophers with scientists working on ants, baboons, cells, natural
parks, together with historians of capitalism and — how totally bizarre!
— specialists of the planet taken as a whole, namely Gaia — plus
metaphysicians and historians of science thrown in, plus a bit of legal
theory and a lot of social science to steer the pot further? What did we
hope to achieve by linking corporate law with embryo development, the
management of Amboseli with 19th century investment in railway or the
competition between baboons and farmers, with the philosophy of
Whitehead and the autotrophy of the earth system?
And yet the only way to have a chance to renew the question of the
extent, function and future of politics might well be to enter into this
strange exercise and, against all odds, to carry it obstinately to the
end. Why? Because whatever you expect from the future, you will indeed
have to join in some ways in the same polity exactly those various types
of beings that were brought to the table in September 2017. It is true
that the term “body politik” has been disputed, but is there a better
way to flag the goal of the new geohistorical epoch? No matter how
disputed is the geological term of Anthropocene, this is exactly the
sort of clarification that it triggers and the sort of occasion it opens
for natural and social scientists to be able to collaborate. Indeed, it
has provided a new breed of diplomats with the underserved chance of an
improbable encounter, thanks to the generosity of the Cini Foundation,
in one of the most beautiful setting there is: the Biblioteca Longana of
San Giorgio.
In 1999 Bruno Latour organized for Hans Ulrich Obrist a series
of reenactment of public lectures famous in science. BL did the 1864
Pasteur's lecture (abridged) on spontaneous generation where Pasteur
demonstrated in a beautiful series of experiments that Pouchet, his
adversary, had actually contaminated his vessels by neglecting what will
become the rules of aseptic culture.
Lecture given at the end of an AIME workshop in Copenhagen on
the invitation of the Danish Royal Academy of Science. The text can be
read here.
I will take capitalism to mean not a thing in the world, but a
certain way of being affected when trying to think through this strange
mixture of miseries and luxuries we encounter when trying to come to
terms with the dizzying interplays of “goods” and “bads”. Capitalism is a
concept invented to help absorb this odd mixture of enthusiasm for the
cornucopia of riches that has lifted billions of people out of abject
poverty and the indignation, rage and fury in response to the miseries
visited on billions of other people. Especially troubling to me is the
feeling of helplessness that is associated with any discussion of
economics and that I have so much trouble reconciling with what I
consider science’s and politics’ main effects, these being the opening
of new possibilities and the provision of margins to maneuver.
En Junio de 2012 Jordi Évole me llamó para grabar un programa que
versaba sobre la necesidad de cambiar el modelo económico, hablar de la
Economía del Bien Común, y visitar una empresa, la Fageda, empresa que
demostraba que era posible hacer negocio utilizando valores y generando
bienestar para la sociedad, en particular integrando a discapacitados.
Fuimos pues a San Pablo (Olot) y grabamos el programa que más tarde
difundió la Sexta.
Un participante a una de las tertulias en las que he intervenido
últimamente me ha recordado el programa y he vuelto a ver el video…
tengo que confesar que me ha impactado, simplemente porque hace diez
años el video demostraba que era necesario cambiar el modelo
socioeconómico vigente, y que era posible tener empresas que, generando
beneficios, utilizaban dichos beneficios para generar bienestar social.
Creo que, en función de lo que estamos viviendo, se constata una vez más
que el modelo socioeconómico vigente nos lleva a la catástrofe, y por
ello considero oportuno volver a difundir el video. Que cada cual saque
sus conclusiones.
Siendo pioneros hace 10 años en la realización de informes no
financieros, las empresas deberían conocer la posibilidad de realizar el
informe no financiero con el modelo y las herramientas del bien común
David Hervás Sanz (La Carolina, 1975) es director técnico en Fundación
Fulgencio Meseguer. Experto en Responsabilidad Social Corporativa y en
Mindfulness. Licenciado en en Ciencias Políticas y Sociología, hoy nos
acercamos a la figura de este carolinense para hablar de Economía del Bien Común y conocer algo que mucha gente ya practica pero que ni tan siquiera lo sabe.
—¿Cuáles han sido sus primeros pasos profesionales?
—Estudié Ciencias Políticas y Sociología en la Universidad de Granada
y he trabajado en muchos sitios. He sido profesor de Secundaria, he
sido como gerente en una empresa de Jaén, he trabajado por cuenta ajena
en diferentes sectores y desde hace unos años hasta hace unos siete
meses he sido consultor de las administraciones públicas en la firma
Cooperacción. He pasado por muchos puestos y en tareas muy diversas y
actualmente soy el Director Técnico de la Fundación Fulgencio Meseguer.
—¿Y cómo es su contacto con la Economía del Bien Común?
—Hace unos tres meses que fue elegido presidente de la Asociación
Andaluza de la Economía del Bien Común, de la que hasta ahora era un
asociado más.
—¿Qué es la Economía del Bien Común?
—Es un movimiento social que surge desde el empresariado. Nace en
Austria a raíz de un libro que escribe Christian Felber y se titula así
'La Economía del Bien Común'. A raíz de ese libro nace el movimiento de
empresarios que quieren llevarlo a la práctica. Lo que viene a decir es
que la economía es una creación que nos hemos inventado los humanos y la
manera de gestionarla debería estar marcada por los mismos valores que
tenemos los humanos y que hacen crecer nuestras relaciones. Es decir,
que deben estar marcado por el cooperativismo, confianza, aprecio, amor,
cariño, solidaridad, compatibilidad de caracteres... Pensamos que esos
mismos valores deben imperar en las relaciones económicas.
—¿Cómo se lleva a la práctica?
—Muy sencillo. Lo que decimos es que en la economía lo que sobra es
la competitividad descarnada y el ánimo de lucro por encima de todo si
mirar hacia el respeto al medio ambiente o el respeto de los
trabajadores y el respeto a los proveedores... Para ello fomentamos lo
opuesto, la cooperación. Se consigue redefiniendo el concepto de éxito
empresarial. Siempre pensamos que el éxito de una empresa es la que más
dinero gana, pero en el mercado, el dinero no es más que una
herramienta; algo que sirve para intercambiar valores. ¿Por qué una
empresa que acumula más medios, más herramientas, en este caso dinero,
es mejor que otra? Nosotros pensamos que una empresa es mejor que otra
cuando contribuye más al bien común. Tiene que ser rentable, obviamente,
y dar beneficios porque sino no contribuye al bien común. Estamos
redefiniendo el modelo de éxito.
—El modelo cooperativista es Economía del Bien Común por definición...
—Totalmente. La economía social está totalmente alineada con la de
Bien Común. Sin embargo, este último concepto trasciende a la economía
social en tanto y cuanto que se puede aplicar a cualquier tipo de
empresa, aunque su forma jurídica no sea el de cooperativa. Se puede
aplicar a una sociedad anónima, limitada...
—Cuando nosotros damos charlas explicando nuestro modelo de
negocio siempre argumentamos que en Lacontradejaén decidimos ser una
cooperativa porque creíamos en el sistema de toma de decisiones de este
modelo empresarial, sin conocer mucho más de sus valores y
características. Tras cinco años de empresa, nos hemos dado cuenta de
que en realidad es un estilo de vida. Es decir, si en tu día a día
tienes los valores cooperativistas entonces se pueden aplicar a la
empresa. ¿Está de acuerdo?
—Esa es la clave. Los valores que dirigen nuestra manera de trabajar
son la solidaridad, la justicia social, la sostenibilidad ambiental, la
participación democrática, la transparencia. Todos están en las
constituciones democráticas y están considerados como fundamentales. El
problema es que el sistema económico y la manera de funcionar del
mercado, en ocasiones, deja fuera y en desventaja a las personas que
quieren aplicarlos y premia a aquellos que contamina porque les sale más
barato, a los que no cuidan la dignidad de sus trabajadores, a los que
gastan pocos, se saltan las normativas, ganan más dinero... Por eso, hay
que redefinir el concepto de éxito y que imperen esos valores. Mucha
gente los tiene y les cuesta dinero cumplir con ellos, por eso
proponemos que una empresa que contribuye más al bien común para, por
ejemplo, conseguir contratos públicos.
—Se ha adelantado a la siguiente pregunta. ¿Qué parte de
responsabilidad tienen las administraciones para contribuir a este
sistema más justo?
—No hacen falta subvenciones. Lo que pueden hacer es que la compra
pública incluya cláusulas en las que el precio no sea el único elemento
decisorio sino que se puntúen otros conceptos sociales,
medioambientales, etcétera. Es algo que ya existe en la ley. Para eso,
se puede incidir en los objetivos que el Gobierno, en realidad, tiene en
sus políticas públicas, que es promover este tipo de valores. Qué mejor
manera de gastar el dinero público que contribuyendo al bien común.
—¿Este movimiento puede cuajar en Jaén?
—No somos un movimiento que aspire a tener un crecimiento vertiginoso
y rápido. Vamos lejos, por lo que vamos despacio. Somos más partidarios
de ir creando una masa crítica, una base de pequeñas empresas y gestos
de gente que de manera voluntaria defiende ese trabajo honesto. Sabemos
que hay mucha gente, sobre todo en el ámbito de la pequeña empresa, que
ya lo hace pero que no tienen la repercusión mediática que tienen otros
empresarios y lo están haciendo muy bien. Ejemplos como el pequeño
tendero que fía a la vecina porque sabe que pasa por un mal momento, o
el empresarios que sabe que su trabajador tiene a un hijo enfermo y
tiene que darle más horas aunque no estén previstas en el convenio...
Esa es la solidaridad del bien común, que se encuentra en los pequeños
gestos y que hay mucha gente que lo hace y ya ha calado. Ahora, queremos
poner en valor esas actitudes y las empresas las incluyan en sus
balances, igual que hacen un balance financiero y reflexionen sobre cómo
contribuyen a su entorno.
—¿Habrá quienes nos estén leyendo y se pregunten cómo pueden contribuir a este movimiento?
—Muy fácil. Entra en la web
donde encontrará información no sólo para implementarlo en las empresas
sino también al modelo de gestión de los municipios. De hecho, yo he
colaborado con varias localidades de la provincia a incorporar la
perspectiva de la Economía del Bien Común en sus políticas con
bastante éxito. Sólo se trata de dar ese paso.
—Lo que más complicado veo yo de llevar a la práctica es el
balance anual. ¿Qué parámetros se utilizan porque a veces los gestos se
hacen sin darse cuenta?
—En la web puedes descargarte el manual para hacer el balance e
incluso ofrecemos modelos para descargarse para hacer tu propia
autoevaluación. Hay toda una mecánica de mejora continua. Los principios
son los que más cuestan, pero con el tiempo ya se queda integrado.
Entrevista con Marta Barres Martorell, profesora del IES MASSAMAGRELL
Cuando Marta Barres Martorell acabó ciencias
empresariales y se incorporó a la docencia, sentía pasión para
transmitir sus conocimientos sobre economía. Sin embargo, algo le
rechinaba en las explicaciones que ofrecía al alumnado: todos esos
conceptos en torno al funcionamiento de la oferta y la demanda, los
beneplácitos del mercado, etcétera, no acababan de encajar con una idea de sociedad justa. Quizás, ni siquiera empezaban a acercarse a esta noción, quedaban lejos.
Años después, una compañera le presentó el modelo de la Economía del Bien Común.
Se sumergió en este paradigma sintiendo el entusiasmo de un niño a
quien le regalan un nuevo juguete. Y decidió que encontraría la manera
de introducirlo en el currículum de la asignatura que imparte en el IES Massamagrell (València). ¿Pero cómo?
Fue cuando, buscando experiencias educativas, encontró el proyecto «Transformando Nuestro Mundo» de la Fundació Novessendes. El formato perfecto para introducir la EBC en el aula. Así que tardó poco a sumarse a la iniciativa, de la cual forma parte hace tres años. Aquí, nos cuenta su experiencia.
Vídeo creado por el alumnado del IES Masamagrell dentro del proyecto «Transformando Nuestro Mundo»
DESCUBRIR LA ECONOMÍA DEL BIEN COMÚN Y LLEVARLA AL AULA
– ¿Cómo te convertiste en profesora, por qué te llama la atención la Economía y por qué te sumaste al proyecto «Transformando Nuestro Mundo»?
– Hay que retroceder en el momento en el cual tenía que decidir a qué
estudios universitarios optar y, en aquel momento, no lo tenía claro.
Finalmente, pude acceder a Ciencias empresariales: el sistema decidió
por mí. Por suerte, desde el primer día, me gustó muchísimo. Quería
compartir todo el que estaba aprendiendo. Me veía ante una
pizarra explicando ejercicios de contabilidad y gráficas de oferta y
demanda. Pero, lo que aprendía, me creaba cierta intranquilidad
alrededor de la idea de “sociedad justa”.
Fue muchos años después cuando conocí una teoría que hace posible una reorientación del actual sistema económico: la EBC.
Conocer la EBC fue posible gracias a una compañera del instituto, Laura
Ferri. Ella organizó una charla impartida por dos magníficas personas
de la Asociación Valenciana para el fomento de la EBC. Desde aquel momento profundicé en el conocimiento de la EBC y reflexioné sobre cómo podía darla a conocer. Una lectura desde una nueva perspectiva de los currículums me hizo ver que la EBC tiene cabida. Y reflexionando y buscando, y buscando y reflexionando, conocí Novessendesy su proyecto «Transformando Nuestro Mundo».
Quería participar en el proyecto y así lo pedí a Novessendes. Después
de varias reuniones, realicé su proyecto en nuestro instituto.
– ¿Por qué es importante transmitir la EBC en la ESO?
– Porque lo que mayormente vemos en nuestro entorno es un
sistema económico orientado hacia la maximización de beneficios que deja
de lado a las personas y el entorno. Pero estas relaciones dañan a las personas y al entorno. Son relaciones no sostenibles. La EBC propone una reorientación del actual sistema económico y pone a las personas y el entorno en el centro.Los
valores con los cuales se relacionan las personas también pueden ser
los valores que se tendrían que aplicar en la actividad económica. Cuando el alumnado se integre en entornos laborales sabrá que una reorientación del sistema económico es posible. Podrá implementar acciones orientadas hacia el bien común en empresas rentables.
– ¿Cuáles crees que son los principales desafíos que presenta la EBC al alumnado de ESO?
– El conocimiento de la EBC supone en el alumnado la activación de la
observación y la reflexión desde diferentes materias impartidas en el
aula. En concreto, el proyecto «Transformando Nuestro Mundo» acompaña al alumnado en la observación del entorno, en la identificación de las emociones
que esta observación provoca, en el conocimiento de los valores de la
EBC. Y los anima a que reflexionan y a que propongan acciones que,
teniendo los valores EBC en el centro, mejoren su entorno.
– ¿Qué desafío representa para el profesorado introducir estos contenidos en asignaturas de Economía de la ESO?
– Los libros de texto ayudan el alumnado en el aprendizaje de conceptos y procesos. Haría
falta que el profesorado sugiriese actividades relacionadas con los
conceptos curriculares que permitan reflexionar sobre las consecuencias
que dichos conceptos y los procesos que implican. Así, poner en
valor la reflexión y animar a descubrir un abanico de alternativas
posibles. Acompañar al alumnado en el proceso de darse cuenta que la
reflexión los puede llevar a la acción. La EBC supone ver el entorno desde una nueva perspectiva, anima a actuar poniendo los valores EBC en el centro de las relaciones.
Vídeo creado por el alumnado del IES Masamagrell dentro del proyecto «Transformando Nuestro Mundo»
UN PROYECTO QUE GENERA ENTUSIASMO EN EL ALUMNADO
– Desde tu experiencia, ¿cómo percibes que el alumnado y el profesorado acogen este tipo de iniciativas y de contenidos?
– El alumnado está abierto al cambio, está esperando
novedades, le gusta ser receptor de nuevas propuestas, tiene mucha
energía y el futuro por delante. Mi experiencia me ha demostrado durante
estos tres años que el proyecto “Transformando Nuestro Mundo» tiene muy buena acogida y deja huella positiva en el alumnado.
El profesorado tiene un día a día intenso y exigente con la docencia y
con generar la documentación que esta comprende. Estas tareas ocupan
todo nuestro tiempo. Así, acogemos con alegría proyectos que ya tienen desarrollado el marco académico; esto nos permite implementarlo en nuestro centro con pequeñas adaptaciones. En concreto, el proyecto “Transformando Nuestro Mundo» ha sido recibido y desarrollado por el profesorado de nuestro centro con ilusión y energía desde el convencimiento que el proyecto se enfoca en la comunidad educativa hacia el bien común de nuestro entorno.
– Se habla mucho del desinterés o desmotivación del alumnado en
general. ¿Qué opinas sobre este tema? ¿Crees que este tipo de
iniciativas contribuyen a motivarlos?
– Como “Transformando Nuestro Mundo» es un proyecto sólido, coherente y enriquecedor, lo transmitimos con honestidad e ilusión. Es entonces cuando el alumnado comparte su visión del mundo, sus reflexiones y sus proyectos.
Pienso que no están desmotivados, que lo que pasa es que no encuentran
el canal adecuado por el que trasladar sus propuestas y que estas se
implementen.
– ¿Piensas que el contenido relacionado con la EBC y la forma en que
se ha transmitido en el proyecto generaron más atracción en el alumnado
que los contenidos tradicionales?
– Sí, dado que las actividades conectan lo que el alumnado sabe y con lo que vive en su entorno. Este hecho promueve la observación, la reflexión e invita a la acción por el bien común.
– En todo caso, ¿piensas que basta con transmitir la EBC por medio
de libros, como ocurre con gran parte de los contenidos tradicionales,
para despertar interés?
– Tengo que decir que el contenido de un libro es importante. Es necesario el marco académico que sostiene la teoría de la EBC. Pero también es cierto que
los valores que acompañan a la teoría se comprenden mejor con
actividades y dinámicas que permitan al alumnado sentirlos y proyectar cómo los afectará en un futuro a ellas, a ellos y a su entorno.
– ¿Guardas alguna anécdota que te haya quedado grabada sobre el desarrollo del proyecto?
– Más que una anécdota concreta, lo que siempre me causa impacto, un
impacto positivo, es descubrir que el alumnado observa y reflexiona
mucho más del que doy por supuesto. Darles la oportunidad de expresarse y concretar sus propuestas en proyectos multiplica exponencialmente las acciones hacia el bien común.
Se incorporarán en el mundo laboral con unos valores que pondrán a las
personas y a nuestro entorno en el centro de las relaciones.
– ¿Qué esperas conseguir a nivel profesional y personal formando parte de este proyecto?
– Implementar el proyecto “Transformando Nuestro Mundo” permite
al alumnado conocer que la teoría de la EBC es una propuesta de modelo
económico y social que pretende reorientar el modelo económico actual,
basado en la maximización del beneficio individual, y enfocarlo al
servicio del bien común y la cooperación; todo con empresas rentables.
Esta reorientación propone que los valores con los cuales nos
relacionamos las personas sean los mismos que se tendrían que aplicar a
la actividad económica: dignidad humana, solidaridad, sostenibilidad ambiental y transparencia y participación democrática.