Mariana Mazzucato —indica «No es difícil conseguir una economía para el bien común. Es solo que somos cobardes»— funciona muy bien como provocación política, pero como diagnóstico económico es demasiado simple. De hecho, leyendo conjuntamente sus entrevistas de estas semanas, la propia Mazzucato termina reconociendo : los gobiernos no sólo carecen de valentía; también carecen de capacidad institucional.
En otra entrevista lo dice explícitamente al hablar de fiscalidad, vivienda e IA: «no son solo cobardes, no tienen capacidad». elDiario.es
Y ahí empieza, para mí, la discusión verdaderamente interesante.
Mazzucato tiene razón en una cosa fundamental
Su tesis no consiste simplemente en aumentar impuestos o redistribuir más después de que el mercado haya producido determinados resultados.
Quiere intervenir antes.
Su concepto central es la predistribución: diseñar mercados, contratos públicos, financiación, innovación y relaciones Estado-empresa de manera que el valor se cree y se distribuya de otra forma desde el principio. En sus entrevistas recientes insiste en pasar de un Estado que corrige fallos a posteriori a otro que participa en la orientación de mercados y misiones. El País
Su nueva economía del bien común se organiza alrededor de cinco grandes principios:
dirección y propósito → participación y cocreación → aprendizaje colectivo → distribución de recompensas → rendición de cuentas. infobae
Es una evolución coherente de toda su obra:Estado emprendedor → economía de misiones → bien común.
La pregunta deja de ser:¿cómo corregimos posteriormente lo que el mercado hizo mal?
y pasa a ser:¿cómo diseñamos previamente instituciones y mercados para producir determinados resultados?
El problema aparece al intentar hacerlo realidad.
El punto más débil de la obra reciente de Mariana Mazzucato: no tanto si sus objetivos son deseables, sino si su concepto de "economía del bien común" puede trasladarse a instituciones reales sin generar problemas de implementación. Según la propia autora, el bien común requiere cinco elementos: propósito compartido, cocreación democrática, conocimiento compartido, reparto de beneficios y nuevas formas de gobernanza económica
Los objetivos de Mazzucato pueden compartirse, pero su dificultad fundamental está en determinar quién define el bien común, cómo se evita la captura política y cómo aprende el Estado cuando una misión fracasa.
Nos obliga a distinguir entre la deseabilidad de una economía orientada al bien común y la posibilidad real de construirla dentro de una economía abierta, competitiva, financiarizada e interdependiente.
El bien común no es difícil de definir; es extraordinariamente difícil de coordinar
vivienda accesible;sanidad;educación;empleo digno;sostenibilidad;innovación;cohesión territorial; igualdad de oportunidades.
La dificultad comienza cuando preguntamos:
¿quién paga?
¿quién pierde rentas?
¿qué tecnología elegimos?
¿qué empresa recibe apoyo?
¿qué actividad dejamos desaparecer?
¿qué sacrificamos hoy para obtener un beneficio dentro de quince años?
¿qué ocurre si nuestros competidores internacionales no aplican las mismas reglas?
Ahí el “bien común” deja de ser una brújula moral y se convierte en un problema de economía política.
Y es mucho más complicado.
Felber ya nos mostró precisamente esa dificultad
La Economía del Bien Común existe como movimiento desde alrededor de 2010 y ha desarrollado algo que Mazzucato sólo está sistematizando ahora desde otro enfoque: instrumentos concretos para transformar principios en métricas empresariales.
Felber propone evaluar organizaciones mediante una matriz que incorpora dignidad humana, solidaridad, justicia social, sostenibilidad ambiental, transparencia y participación. Incluso plantea que las mejores puntuaciones puedan traducirse en ventajas fiscales, financieras, comerciales o de contratación pública. Economy for the common good
El movimiento no ha desaparecido. Sigue activo, tiene organizaciones, municipios, empresas y nuevas versiones de su matriz; en 2026 acaba incluso de publicarse una edición completamente renovada de su propuesta. Christian Felber
Pero después de más de quince solo ha conseguido experiencias microeconómicas, pero no transformar la arquitectura macroeconómica.
Pasar de:empresa responsable a sistema económico orientado al bien común es un salto gigantesco.
Tirole explica una parte de por qué
Su libro también se llama Economics for the Common Good, pero su planteamiento es muy diferente.
Para Tirole, alcanzar resultados socialmente deseables no depende fundamentalmente de proclamar valores comunes, sino de diseñar instituciones e incentivos capaces de conseguirlos pese a información imperfecta, intereses privados y comportamientos oportunistas.
Su principio podría resumirse así:el mercado necesita regulación, pero el Estado también necesita competencia, incentivos y controles.
Tirole insiste especialmente en información asimétrica, captura regulatoria, compromiso institucional y dificultades para diseñar correctamente incentivos. Incluso una política bien intencionada puede generar rentas, reducir calidad o permitir que el regulado capture al regulador. Premio Nobel
Ahí encontramos una complementariedad muy interesante:
| Felber | Tirole | Mazzucato |
|---|---|---|
| ¿Qué valores queremos? | ¿Qué incentivos funcionan? | ¿Qué dirección queremos dar al sistema? |
| Medición del bien común | Diseño institucional | Misiones |
| Ética y sostenibilidad | Información y competencia | Capacidad pública |
| Balance del bien común | Regulación y captura | Cocreación |
| Cooperación | Incentivos | Condicionalidad |
| Resultado social | Mecanismo | Transformación |
Pero todavía falta una cuarta columna.
La competencia sistémica.
Aquí está probablemente el límite más importante del marco de Mazzucato
Mazzucato analiza muy bien:Estado + empresas + ciudadanos + misiones.
Pero la economía real no es un sistema nacional cerrado.
Una misión europea existe dentro de:
China
Estados Unidos
mercados financieros internacionales
cadenas globales de valor
OMC
flujos de capital
dependencias energéticas
redes digitales
materias primas
tecnologías controladas externamente.
Y eso cambia muchísimo las posibilidades de política.
Imaginemos que Europa decide:queremos producir baterías respetando estándares sociales y ambientales mucho más estrictos.
Perfectamente legítimo.
Pero si la batería europea cuesta estructuralmente un 40% más y los consumidores pueden comprar la extranjera libremente, la misión puede fracasar.
Entonces hay que elegir entre:subvencionar;regular;proteger;imponer estándares;contratación pública;
aceptar la importación;o abandonar parte de la producción.
Cada decisión produce costes y ganadores y perdedores.
Ya no estamos ante falta de valentía.
Estamos ante un problema sistémico de coordinación.
Y la geoeconomía lo complica todavía más
La hipótesis dominante en1990-2005 era aproximadamente:globalización → especialización → eficiencia → crecimiento → redistribución.
Hoy tenemos que añadir:
seguridad económica
China
Estados Unidos
subsidios industriales
controles tecnológicos
friend-shoring
materias primas críticas
IA
defensa
energía
chokepoints.
Una economía del bien común europea puede querer maximizar sostenibilidad.
Pero también necesita:productividad;capital;tecnología;seguridad energética;industria;resiliencia;
capacidad militar;competitividad internacional.
Estos objetivos pueden complementarse.
Pero también pueden entrar en conflicto.
Y ése es el problema que una teoría moderna del bien común tiene que resolver.
Las redes hacen todavía más difícil transformar el sistema
Una economía moderna está formada por redes.
Un automóvil europeo incorpora:chips;software;metales;baterías;maquinaria;capital;servicios;datos
producidos en multitud de jurisdicciones.
Cambiar una sola regla en un país puede alterar toda esa red.
Las cadenas globales crean algo parecido a dependencia de trayectoria.
Cuanto más integrada está una economía en determinada arquitectura tecnológica y productiva, más caro resulta abandonarla.
Por eso:no podemos rediseñar libremente el sistema económico como si partiéramos de una hoja en blanco.
Tenemos instituciones heredadas.
Capital instalado.
Contratos.
Infraestructuras.
Empresas.
Deudas.
Proveedores.
Tratados.
Normas europeas.
Compromisos comerciales.
Tecnologías.
Todo ello restringe el espacio de decisión.
Esto no invalida a Mazzucato; obliga a completar su teoría
Mazzucato tiene razón cuando dice:los mercados son construidos.
No existen en el vacío.
Pero de ello no se deduce que podamos reconstruirlos fácilmente.
Ésta es la diferencia.
Los mercados están diseñados.
Sí.
Pero el diseño anterior genera estructuras, intereses y dependencias.
También.
Y esas estructuras condicionan el siguiente diseño.
En lenguaje sistémico:el sistema tiene memoria.
Eso es path dependence.
El titular habla de cobardía.
Pero después aparecen:
falta de capacidad estatal;
pérdida de talento público hacia las grandes tecnológicas;
poder financiero;
concentración tecnológica;
problemas fiscales;
dependencia de consultoras;
privatización del conocimiento.
Es decir, la propia explicación acaba siendo mucho más estructural que moral. elDiario.es
Y eso cambia todo.
Si el problema fuese únicamente:políticos cobardes,bastaría elegir dirigentes más valientes.
Pero si el problema es:
Estado débil + captura + información incompleta + competencia internacional + dependencia tecnológica + intereses creados + mercados globales + coordinación europea,
entonces necesitamos construir capacidad sistémica.
Eso es mucho más difícil.
El marco RMs añade precisamente la dimensión que falta.
Una economía orientada al bien común necesita primero ser capaz de producir las capacidades que permiten sostener ese bien común.
Porque:
sin productividad no existe suficiente renta;
sin industria y tecnología disminuye la capacidad de decisión;
sin competitividad disminuye la base fiscal;
sin energía competitiva desaparecen industrias;
sin innovación disminuye el crecimiento futuro;
sin resiliencia las crisis destruyen bienestar.
Por tanto, la secuencia no debería ser simplemente:misión → inversión → bien común.
Debería ser:misión → capacidades → productividad → resiliencia → creación de valor → distribución → bienestar.
Y después volver mediante feedback:bienestar → legitimidad → capital humano → confianza → nuevas capacidades.
Eso sí es un sistema.
Podríamos formular una especie de condición RMS para una Economía del Bien Común:
Bien común sostenible = bienestar × productividad × capacidad institucional × resiliencia × legitimidad
No como ecuación econométrica.
Como mapa conceptual.
Porque si cualquiera de esos componentes se aproxima a cero, aparecen problemas.
Un país puede redistribuir extraordinariamente bien durante diez años.
Pero si destruye productividad:el modelo acaba debilitándose.
Puede aumentar productividad enormemente.
Pero si los beneficios no llegan a los ciudadanos:pierde legitimidad.
Puede tener productividad y bienestar.
Pero si depende completamente de otro país en energía o tecnología:carece de resiliencia.
Y puede tener recursos suficientes.
Pero si su Estado carece de capacidad:no consigue ejecutarlo.
¿Quién define el bien común?
Mazzucato responde mediante cocreación y participación ciudadana. The Rockefeller Foundation
Es razonable.
Pero no elimina el conflicto.
Un trabajador de una planta de automóviles puede tener una concepción diferente del bien común que:
un activista climático;un consumidor de bajos ingresos;una empresa eléctrica;un agricultor;una empresa tecnológica;una región industrial.
Todos pueden defender intereses legítimos.
El problema político no consiste simplemente en escucharles.
Consiste en decidir cuando sus intereses son incompatibles.
Esto nos devuelve a Tirole:las instituciones importan precisamente porque los intereses divergen.
La experiencia de estos quince años quizá nos deja una lección
La generación de Economía del Bien Común que empezamos hace 15 años aprendió algo que merece incorporarse al debate actual.
La dificultad no estaba en convencer a pequeñas empresas, ayuntamientos o ciudadanos de que:
dignidad, sostenibilidad, justicia y cooperación son deseables.
Eso era relativamente sencillo.
La dificultad era conseguir que esas prácticas sobrevivieran cuando entraban en contacto con:
competencia global;
precios;
financiación;
cadenas de suministro;
regulación;
consumidores;
rentabilidad;
mercados internacionales.
Ahí chocaba el micro con el sistema.
Y ése sigue siendo el problema.
----Del:
«No es difícil conseguir una economía para el bien común. Es sólo que somos cobardes.»
-------Al:
«Sabemos bastante bien qué resultados asociamos al bien común. Lo difícil es construir instituciones, incentivos y capacidades capaces de producirlos de forma estable dentro de una economía global interdependiente y competitiva.»
Felber nos ayuda a definir qué queremos medir. Tirole nos obliga a pensar cómo diseñar los incentivos. Mazzucato explica cómo orientar y construir capacidades colectivas. La competencia sistémica añade la condición que hoy ya no podemos ignorar: todo ese modelo debe seguir siendo productivo, resiliente y competitivo dentro de una economía mundial en la que otros sistemas persiguen objetivos diferentes.
Esto cambia mucho la Economía del Bien Común.
Ya no sería únicamente una teoría de:ética + distribución + participación.
Sería una teoría de:capacidades + incentivos + producción + cooperación + resiliencia + distribución + bienestar.
Y creo que ésa es probablemente la actualización que necesita en 2026.
Porque el gran problema actual no es elegir entre competitividad o bien común.
Es conseguir que:la competitividad genere capacidades, las capacidades generen productividad, la productividad genere prosperidad y esa prosperidad termine convirtiéndose en bienestar compartido.
Si rompemos cualquiera de esos enlaces, o tenemos una economía competitiva que no sirve suficientemente a sus ciudadanos, o una economía bienintencionada que termina perdiendo la capacidad material necesaria para sostener sus objetivos sociales.
Los objetivos de Mazzucato pueden compartirse, pero su dificultad fundamental está en determinar quién define el bien común, cómo se evita la captura política y cómo aprende el Estado cuando una misión fracasa.
Felber, Mazzucato y Tirole: tres respuestas distintas
La comparación del documento es especialmente útil porque los tres autores parten, en realidad, de una pregunta parecida:
¿Cómo conseguir que la economía genere prosperidad compatible con el interés colectivo?
Pero responden desde lugares muy distintos.
| Christian Felber | Mariana Mazzucato | Jean Tirole | |
|---|---|---|---|
| Punto de partida | Valores | Dirección | Incentivos |
| Problema | El capitalismo no mide correctamente el bien común | El mercado no genera por sí mismo las capacidades necesarias | Mercado, Estado y empresas tienen fallos |
| Instrumento | Balance del Bien Común | Misiones y Estado emprendedor | Regulación, contratos, competencia |
| Estado | Garantiza valores | Orienta mercados | Diseña reglas |
| Empresa | Debe cooperar más | Crea valor junto al Estado | Responde a incentivos |
| Principal fortaleza | Finalidad social | Construcción de capacidades | Realismo institucional |
| Principal riesgo | Idealismo | Captura/error estatal | Tecnocratización |
Felber necesita empresas más altruistas; Mazzucato, Estados más inteligentes; Tirole, mejores incentivos.
Pero creo que ahora podemos añadir una cuarta columna: RMS/competencia sistémica.
1. Felber: ¿para qué debe funcionar la economía?
Felber empieza por el destino.
Beneficio, PIB y rentabilidad no deberían ser las únicas medidas del éxito económico. Propone incorporar dignidad, solidaridad, sostenibilidad, justicia y participación a la evaluación empresarial. El documento reconoce precisamente esa enorme potencia ética, pero señala sus problemas de incentivos, cálculo y medición. Markdown pegado(20261025-222350)
Su gran aportación podría resumirse:La economía es un medio. El bienestar social es el fin.
El problema aparece al pasar de:“esto es lo que queremos conseguir” a: “éste es el mecanismo económico capaz de conseguirlo”.
Mi experiencia práctica de hace quince años es:
No basta con convencer a una empresa para elaborar un Balance del Bien Común.
Esa empresa continúa compitiendo con otra empresa que:produce en China;se financia en Estados Unidos;compra materias primas en África;optimiza fiscalmente internacionalmente;utiliza una plataforma digital estadounidense;y vende en toda Europa.
La empresa individual está dentro de un sistema que no controla.
Ése es el límite estructural de Felber.
2. Mazzucato da un paso adelante: necesitamos capacidad para transformar el sistema
Mazzucato detecta parte del problema.
No pretende simplemente pedir a las empresas que sean mejores.
Introduce:Estado + inversión + innovación + empresa + misiones + contratación pública + condicionalidad.
Y reconoce que buena parte de la innovación radical ha recibido financiación pública, que el Estado asume riesgos y que posteriormente una parte importante del valor puede terminar privatizándose. Esos son precisamente los tres pilares que recoge el documento.
Por tanto:
Felber pregunta:
¿qué economía queremos?
Mazzucato pregunta:
¿cómo movilizamos recursos para construirla?
Es un avance considerable.
Pero aparece otro problema.
¿Quién sabe qué construir?
3. El límite de Mazzucato: dirección sin suficiente mecanismo de corrección
Ésta es probablemente la crítica más importante del documento.
Mazzucato acepta:mercados;beneficios;empresa privada;competencia.
Pero quiere orientarlos mediante misiones.
Eso puede funcionar extraordinariamente bien cuando:el objetivo está claro;la tecnología admite varias soluciones;existen empresas capaces;hay buena administración;los resultados son medibles;y existe disciplina cuando algo fracasa.
Pero puede funcionar mal cuando:la información es incompleta;la tecnología cambia rápidamente; los grupos de interés capturan las ayudas;los gobiernos cambian;los objetivos se politizan;o nadie quiere reconocer que una inversión ha fracasado.
Por eso el documento identifica conocimiento, política y medición como tres grandes dificultades prácticas.
Aquí nuestra Capacidad Sistémica de Reasignación (CSR) adquiere muchísimo sentido.
Una buena política industrial necesita saber:construir,
pero también:abandonar.
4. Tirole introduce precisamente el mecanismo de corrección
Tirole parte de una visión menos ambiciosa moralmente pero mucho más incómoda institucionalmente:
las personas responden a incentivos.
Y:mercados, empresas y Estados pueden equivocarse.
Por tanto, no intenta conseguir que todos compartan una concepción del bien común.
Intenta construir reglas donde los intereses individuales produzcan mejores resultados colectivos.
El documento lo resume perfectamente: información asimétrica, conflictos de interés y oportunismo obligan a diseñar mecanismos; no basta confiar en la virtud de los actores.
Esto resulta mucho más robusto.
Pero tampoco resuelve todo.
5. Tirole tampoco resuelve suficientemente la competencia sistémica
Supongamos que Europa consigue:excelentes incentivos;regulación inteligente;competencia;
precio al carbono;mercados eficientes;buena gobernanza.
Y China dispone simultáneamente de:
escala + financiación + infraestructura + política industrial + cadenas de suministro + tecnología + mercado + velocidad.
Las empresas europeas pueden estar perfectamente incentivadas y aun así perder competitividad.
Porque:buenos incentivos dentro de una empresa no compensan necesariamente una arquitectura productiva inferior alrededor de ella.
Ahí aparece el cuarto enfoque.
6. RMS: no basta con fines, dirección o incentivos; necesitamos capacidades
Podríamos organizar las cuatro perspectivas así:
FELBER
¿Para qué?
→ Bien común.
MAZZUCATO
¿Hacia dónde?
→ Misiones.
TIROLE
¿Mediante qué reglas?
→ Incentivos.
RMS
¿Con qué capacidades y dentro de qué sistema?
→ Recursos + mecanismos + capacidades + interdependencias + resiliencia + capacidad de decisión + bienestar.
Esto cambia bastante la discusión.
7. RMS permite integrar los tres en lugar de elegir uno
No tenemos necesariamente que decidir:Felber o Mazzucato o Tirole.
Podemos utilizarlos en diferentes niveles.
Felber proporciona el objetivo
¿Qué entendemos por progreso?
No únicamente PIB.
También:bienestar;cohesión;sostenibilidad;dignidad;oportunidades.
Mazzucato proporciona dirección
¿Qué grandes problemas colectivos queremos resolver?
Energía.
Vivienda.
IA.
Salud.
Descarbonización.
Productividad.
Tirole proporciona mecanismos
¿Cómo evitamos que la misión termine capturada?
Competencia.
Contratos.
Condicionalidad.
Información.
Incentivos.
Evaluación.
RMS añade arquitectura y adaptación
¿Tenemos realmente:
tecnología;
capital;
energía;
empresas;
proveedores;
infraestructura;
talento;
escala;
alternativas?
Y además:¿podemos aprender, corregir y reasignar recursos cuando nos equivocamos?
8. Falta todavía una variable: el mundo exterior
Y ésta creo que es la gran diferencia entre el debate de hace quince años y el de 2026.
Una Economía del Bien Común no existe en el vacío.
Existe simultáneamente con:
China
Estados Unidos
India
CRINK
mercados financieros
multinacionales
plataformas digitales
cadenas globales
materias primas
IA
geopolítica.
Por tanto:el modelo europeo debe ser socialmente deseable y sistémicamente viable.
Ésta es una restricción durísima.
9. Avanzar es muy difícil
Cambiar comportamientos es más fácil que cambiar arquitecturas.
Puedes convencer a:100 empresas,50 ayuntamientos,10 universidades.
Pero cambiar:mercados de capitales;fiscalidad internacional;cadenas globales;contratación pública;
política comercial;sistema energético;gobernanza europea;estructuras empresariales; es extraordinariamente más difícil.
Porque cada elemento está conectado con los demás.
La frase...............
«No es difícil conseguir una economía para el bien común. Es sólo que somos cobardes»
funciona como llamada política.
Pero no como teoría económica.
El problema no es solamente valentía.
Es:complejidad + información + intereses + incentivos + instituciones + capacidades + interdependencias + geopolítica + tiempo.
El punto débil de Mazzucato no es su intención transformadora, sino que presupone unas capacidades estatales e institucionales muy superiores a las que normalmente existen.
Tirole puede diseñar magníficamente el mecanismo.
Pero alguien tiene que decidir:qué queremos conseguir.
Ahí reaparece Felber.
Y determinados problemas requieren inversiones colectivas que el sistema de incentivos existente no genera espontáneamente.
Ahí reaparece Mazzucato.
Y esas políticas necesitan insertarse dentro de un sistema productivo capaz de competir internacionalmente.
Ahí entra RMS.
Por tanto, propondría:
Felber → finalidad
Mazzucato → dirección
Tirole → mecanismos
RMS → capacidades, adaptación y viabilidad sistémica
Reformular la Economía del Bien Común
La versión de hace quince años podía representarse aproximadamente:
VALORES → EMPRESA → BIEN COMÚN
Mazzucato añade:
MISIÓN → ESTADO + EMPRESA → INNOVACIÓN → VALOR PÚBLICO
Tirole añade:
INCENTIVOS → COMPORTAMIENTO → RESULTADOS
RMS permitiría integrarlo:
BIEN COMÚN
↓
define objetivos
MISIONES
↓
orientan capacidades
INCENTIVOS
↓
alinean actores
CAPACIDADES
↓
permiten ejecutar
COMPETENCIA + EXPERIMENTACIÓN
↓
seleccionan soluciones
MEDICIÓN + FEEDBACK
↓
detectan errores
REASIGNACIÓN
↓
abandona lo que no funciona
PRODUCTIVIDAD
↓
genera prosperidad
DISTRIBUCIÓN
↓
BIENESTAR
Y el círculo vuelve a empezar.
Una Economía del Bien Común 2.0
El problema de la Economía del Bien Común nunca fue únicamente definir qué entendíamos por bien común. El verdadero problema era construir un sistema capaz de alcanzarlo sin ignorar incentivos, información, competencia, productividad, interdependencias y capacidad de adaptación.
Quince años después, Felber continúa siendo útil para recordar para qué existe la economía.
Mazzucato nos ayuda a pensar cómo movilizar al Estado para transformar capacidades.
Tirole nos recuerda que las buenas intenciones necesitan mecanismos e incentivos correctos.
Y la competencia sistémica introduce la realidad que hoy resulta imposible ignorar:
ningún modelo europeo de bienestar será sostenible si no es simultáneamente productivo, innovador, resiliente y capaz de competir dentro de una economía mundial organizada en redes de poder, tecnología y capacidades.
Por eso quizá el debate actual ya no debería ser simplemente “economía del bien común”, sino algo más exigente:Economía de las capacidades para el bien común.
Porque el bien común puede definir el destino; Mazzucato puede ayudarnos a definir la dirección; Tirole, las reglas del viaje; pero necesitamos además construir el vehículo, las capacidades y la posibilidad de cambiar de ruta cuando descubramos que nos hemos equivocado.
Notas
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Mariana Mazzucato es una de las figuras de referencia en el ámbito económico. Su visión sobre la acción del Estado en tiempos complicados es apreciada en el espectro progresista, Mariana Mazzucato (Roma, 1968) es catedrática de Economía en el University College of London, pero es mucho más conocida por sus propuestas acerca del Estado emprendedor. Sus ideas le han llevado a asesorar a gobiernos como el estadounidense durante la administración Biden, el italiano, el mexicano o el británico. Es una figura de referencia entre los economistas progresistas.
Desde su perspectiva, el Estado no solo debe regular o redistribuir, sino que ha de orientar a los mercados en la dirección que los gobiernos fijan. Los objetivos marcados reciben el nombre de ‘misiones’ y tratan de ser alcanzados mediante la colaboración público-privada. El Estado asume riesgos y condiciona ayudas, pero también exige que el valor generado con dinero público no sea capturado únicamente por los accionistas.
Acaba de publicar en España Bien común. Una economía que funcione para todos -analizar entrevistas de M Mazucatto
Evolución necesaria de la matriz ética hacia una matriz RMS adaptada a competencia sistémica, geoeconomía, IA, dependencia y poder.
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