diumenge, 25 d’octubre del 2026

No es difícil conseguir una economía para el bien común ? vs Análisis RMS

  Mariana Mazzucato —indica «No es difícil conseguir una economía para el bien común. Es solo que somos cobardes»— funciona muy bien como provocación política, pero como diagnóstico económico es demasiado simple. De hecho, leyendo conjuntamente sus entrevistas de estas semanas, la propia Mazzucato termina reconociendo : los gobiernos no sólo carecen de valentía; también carecen de capacidad institucional. 

En otra entrevista lo dice explícitamente al hablar de fiscalidad, vivienda e IA: «no son solo cobardes, no tienen capacidad». elDiario.es

Y ahí empieza, para mí, la discusión verdaderamente interesante.

Mazzucato tiene razón en una cosa fundamental

Su tesis no consiste simplemente en aumentar impuestos o redistribuir más después de que el mercado haya producido determinados resultados.

Quiere intervenir antes.

Su concepto central es la predistribución: diseñar mercados, contratos públicos, financiación, innovación y relaciones Estado-empresa de manera que el valor se cree y se distribuya de otra forma desde el principio. En sus entrevistas recientes insiste en pasar de un Estado que corrige fallos a posteriori a otro que participa en la orientación de mercados y misiones. El País

Su nueva economía del bien común se organiza alrededor de cinco grandes principios:

dirección y propósito → participación y cocreación → aprendizaje colectivo → distribución de recompensas → rendición de cuentas. infobae

Es una evolución coherente de toda su obra:Estado emprendedor → economía de misiones → bien común.

La pregunta deja de ser:¿cómo corregimos posteriormente lo que el mercado hizo mal?

y pasa a ser:¿cómo diseñamos previamente instituciones y mercados para producir determinados resultados?

El problema aparece al intentar hacerlo realidad.

 El punto más débil de la obra reciente de Mariana Mazzucato: no tanto si sus objetivos son deseables, sino si su concepto de "economía del bien común" puede trasladarse a instituciones reales sin generar problemas de implementación. Según la propia autora, el bien común requiere cinco elementos: propósito compartido, cocreación democrática, conocimiento compartido, reparto de beneficios y nuevas formas de gobernanza económica

 Los objetivos de Mazzucato pueden compartirse, pero su dificultad fundamental está en determinar quién define el bien común, cómo se evita la captura política y cómo aprende el Estado cuando una misión fracasa. 

Nos obliga a distinguir entre la deseabilidad de una economía orientada al bien común y la posibilidad real de construirla dentro de una economía abierta, competitiva, financiarizada e interdependiente.


El bien común no es difícil de definir; es extraordinariamente difícil de coordinar

Probablemente podamos conseguir un amplio acuerdo social acerca de determinados fines:
vivienda accesible;sanidad;educación;empleo digno;sostenibilidad;innovación;cohesión territorial; igualdad de oportunidades.

La dificultad comienza cuando preguntamos:

¿quién paga?

¿quién pierde rentas?

¿qué tecnología elegimos?

¿qué empresa recibe apoyo?

¿qué actividad dejamos desaparecer?

¿qué sacrificamos hoy para obtener un beneficio dentro de quince años?

¿qué ocurre si nuestros competidores internacionales no aplican las mismas reglas?

Ahí el “bien común” deja de ser una brújula moral y se convierte en un problema de economía política.

Y es mucho más complicado.


Felber ya nos mostró precisamente esa dificultad

La Economía del Bien Común existe como movimiento desde alrededor de 2010 y ha desarrollado algo que Mazzucato sólo está sistematizando ahora desde otro enfoque: instrumentos concretos para transformar principios en métricas empresariales.

Felber propone evaluar organizaciones mediante una matriz que incorpora dignidad humana, solidaridad, justicia social, sostenibilidad ambiental, transparencia y participación. Incluso plantea que las mejores puntuaciones puedan traducirse en ventajas fiscales, financieras, comerciales o de contratación pública. Economy for the common good

El movimiento no ha desaparecido. Sigue activo, tiene organizaciones, municipios, empresas y nuevas versiones de su matriz; en 2026 acaba incluso de publicarse una edición completamente renovada de su propuesta. Christian Felber

Pero después de más de quince solo ha conseguido experiencias microeconómicas, pero no transformar la arquitectura macroeconómica.

Pasar de:empresa responsable a sistema económico orientado al bien común es un salto gigantesco.


Tirole explica una parte de por qué

Su libro también se llama Economics for the Common Good, pero su planteamiento es muy diferente.

Para Tirole, alcanzar resultados socialmente deseables no depende fundamentalmente de proclamar valores comunes, sino de diseñar instituciones e incentivos capaces de conseguirlos pese a información imperfecta, intereses privados y comportamientos oportunistas.

Su principio podría resumirse así:el mercado necesita regulación, pero el Estado también necesita competencia, incentivos y controles.

Tirole insiste especialmente en información asimétrica, captura regulatoria, compromiso institucional y dificultades para diseñar correctamente incentivos. Incluso una política bien intencionada puede generar rentas, reducir calidad o permitir que el regulado capture al regulador. Premio Nobel

Ahí encontramos una complementariedad muy interesante:

FelberTiroleMazzucato
¿Qué valores queremos?¿Qué incentivos funcionan?¿Qué dirección queremos dar al sistema?
Medición del bien comúnDiseño institucionalMisiones
Ética y sostenibilidadInformación y competenciaCapacidad pública
Balance del bien comúnRegulación y capturaCocreación
CooperaciónIncentivosCondicionalidad
Resultado socialMecanismoTransformación

Pero todavía falta una cuarta columna.

La competencia sistémica.


Aquí está probablemente el límite más importante del marco de Mazzucato

Mazzucato analiza muy bien:Estado + empresas + ciudadanos + misiones.

Pero la economía real no es un sistema nacional cerrado.

Una misión europea existe dentro de:

China

Estados Unidos

mercados financieros internacionales

cadenas globales de valor

OMC

flujos de capital

dependencias energéticas

redes digitales

materias primas

tecnologías controladas externamente.

Y eso cambia muchísimo las posibilidades de política.

Imaginemos que Europa decide:queremos producir baterías respetando estándares sociales y ambientales mucho más estrictos.

Perfectamente legítimo.

Pero si la batería europea cuesta estructuralmente un 40% más y los consumidores pueden comprar la extranjera libremente, la misión puede fracasar.

Entonces hay que elegir entre:subvencionar;regular;proteger;imponer estándares;contratación pública;

aceptar la importación;o abandonar parte de la producción.

Cada decisión produce costes y ganadores y perdedores.

Ya no estamos ante falta de valentía.

Estamos ante un problema sistémico de coordinación.


Y la geoeconomía lo complica todavía más

La hipótesis dominante en1990-2005 era aproximadamente:globalización → especialización → eficiencia → crecimiento → redistribución.

Hoy tenemos que añadir:

seguridad económica

China

Estados Unidos

subsidios industriales

controles tecnológicos

friend-shoring

materias primas críticas

IA

defensa

energía

chokepoints.

Una economía del bien común europea puede querer maximizar sostenibilidad.

Pero también necesita:productividad;capital;tecnología;seguridad energética;industria;resiliencia;

capacidad militar;competitividad internacional.

Estos objetivos pueden complementarse.

Pero también pueden entrar en conflicto.

Y ése es el problema que una teoría moderna del bien común tiene que resolver.


Las redes hacen todavía más difícil transformar el sistema

Una economía moderna está formada por redes.

Un automóvil europeo incorpora:chips;software;metales;baterías;maquinaria;capital;servicios;datos

producidos en multitud de jurisdicciones.

Cambiar una sola regla en un país puede alterar toda esa red.

Las cadenas globales crean algo parecido a dependencia de trayectoria.

Cuanto más integrada está una economía en determinada arquitectura tecnológica y productiva, más caro resulta abandonarla.

Por eso:no podemos rediseñar libremente el sistema económico como si partiéramos de una hoja en blanco.

Tenemos instituciones heredadas.

Capital instalado.

Contratos.

Infraestructuras.

Empresas.

Deudas.

Proveedores.

Tratados.

Normas europeas.

Compromisos comerciales.

Tecnologías.

Todo ello restringe el espacio de decisión.


Esto no invalida a Mazzucato; obliga a completar su teoría

Mazzucato tiene razón cuando dice:los mercados son construidos.

No existen en el vacío.

Pero de ello no se deduce que podamos reconstruirlos fácilmente.

Ésta es la diferencia.

Los mercados están diseñados.

Sí.

Pero el diseño anterior genera estructuras, intereses y dependencias.

También.

Y esas estructuras condicionan el siguiente diseño.

En lenguaje sistémico:el sistema tiene memoria.

Eso es path dependence.


El titular habla de cobardía.

Pero después aparecen:

falta de capacidad estatal;

pérdida de talento público hacia las grandes tecnológicas;

poder financiero;

concentración tecnológica;

problemas fiscales;

dependencia de consultoras;

privatización del conocimiento.

Es decir, la propia explicación acaba siendo mucho más estructural que moral. elDiario.es

Y eso cambia todo.

Si el problema fuese únicamente:políticos cobardes,bastaría elegir dirigentes más valientes.

Pero si el problema es:

Estado débil + captura + información incompleta + competencia internacional + dependencia tecnológica + intereses creados + mercados globales + coordinación europea,

entonces necesitamos construir capacidad sistémica.

Eso es mucho más difícil.


El marco RMs añade precisamente la dimensión que falta.

Una economía orientada al bien común necesita primero ser capaz de producir las capacidades que permiten sostener ese bien común.

Porque:

sin productividad no existe suficiente renta;

sin industria y tecnología disminuye la capacidad de decisión;

sin competitividad disminuye la base fiscal;

sin energía competitiva desaparecen industrias;

sin innovación disminuye el crecimiento futuro;

sin resiliencia las crisis destruyen bienestar.

Por tanto, la secuencia no debería ser simplemente:misión → inversión → bien común.

Debería ser:misión → capacidades → productividad → resiliencia → creación de valor → distribución → bienestar.

Y después volver mediante feedback:bienestar → legitimidad → capital humano → confianza → nuevas capacidades.

Eso sí es un sistema.

Podríamos formular una especie de condición RMS para una Economía del Bien Común:

Bien común sostenible = bienestar × productividad × capacidad institucional × resiliencia × legitimidad

No como ecuación econométrica.

Como mapa conceptual.

Porque si cualquiera de esos componentes se aproxima a cero, aparecen problemas.

Un país puede redistribuir extraordinariamente bien durante diez años.

Pero si destruye productividad:el modelo acaba debilitándose.

Puede aumentar productividad enormemente.

Pero si los beneficios no llegan a los ciudadanos:pierde legitimidad.

Puede tener productividad y bienestar.

Pero si depende completamente de otro país en energía o tecnología:carece de resiliencia.

Y puede tener recursos suficientes.

Pero si su Estado carece de capacidad:no consigue ejecutarlo.


¿Quién define el bien común?

Mazzucato responde mediante cocreación y participación ciudadana. The Rockefeller Foundation

Es razonable.

Pero no elimina el conflicto.

Un trabajador de una planta de automóviles puede tener una concepción diferente del bien común que:

un activista climático;un consumidor de bajos ingresos;una empresa eléctrica;un agricultor;una empresa tecnológica;una región industrial.

Todos pueden defender intereses legítimos.

El problema político no consiste simplemente en escucharles.

Consiste en decidir cuando sus intereses son incompatibles.

Esto nos devuelve a Tirole:las instituciones importan precisamente porque los intereses divergen.


La experiencia de estos quince años quizá nos deja una lección

La generación de Economía del Bien Común que empezamos hace 15 años aprendió algo que merece incorporarse al debate actual.

La dificultad no estaba en convencer a pequeñas empresas, ayuntamientos o ciudadanos de que:

dignidad, sostenibilidad, justicia y cooperación son deseables.

Eso era relativamente sencillo.

La dificultad era conseguir que esas prácticas sobrevivieran cuando entraban en contacto con:

competencia global;

precios;

financiación;

cadenas de suministro;

regulación;

consumidores;

rentabilidad;

mercados internacionales.

Ahí chocaba el micro con el sistema.

Y ése sigue siendo el problema.

----Del:

«No es difícil conseguir una economía para el bien común. Es sólo que somos cobardes.»

-------Al:

«Sabemos bastante bien qué resultados asociamos al bien común. Lo difícil es construir instituciones, incentivos y capacidades capaces de producirlos de forma estable dentro de una economía global interdependiente y competitiva.»

Felber nos ayuda a definir qué queremos medir. Tirole nos obliga a pensar cómo diseñar los incentivos. Mazzucato explica cómo orientar y construir capacidades colectivas. La competencia sistémica añade la condición que hoy ya no podemos ignorar: todo ese modelo debe seguir siendo productivo, resiliente y competitivo dentro de una economía mundial en la que otros sistemas persiguen objetivos diferentes.

Esto cambia mucho la Economía del Bien Común.

Ya no sería únicamente una teoría de:ética + distribución + participación.

Sería una teoría de:capacidades + incentivos + producción + cooperación + resiliencia + distribución + bienestar.

Y creo que ésa es probablemente la actualización que necesita en 2026.

Porque el gran problema actual no es elegir entre competitividad o bien común.

Es conseguir que:la competitividad genere capacidades, las capacidades generen productividad, la productividad genere prosperidad y esa prosperidad termine convirtiéndose en bienestar compartido.

Si rompemos cualquiera de esos enlaces, o tenemos una economía competitiva que no sirve suficientemente a sus ciudadanos, o una economía bienintencionada que termina perdiendo la capacidad material necesaria para sostener sus objetivos sociales.

El problema no es imaginar una economía orientada al bien común, sino conseguir que funcione dentro de sistemas económicos complejos, competitivos e interdependientes.

Los objetivos de Mazzucato pueden compartirse, pero su dificultad fundamental está en determinar quién define el bien común, cómo se evita la captura política y cómo aprende el Estado cuando una misión fracasa. 

Felber, Mazzucato y Tirole: tres respuestas distintas

La comparación del documento es especialmente útil porque los tres autores parten, en realidad, de una pregunta parecida:

¿Cómo conseguir que la economía genere prosperidad compatible con el interés colectivo? 

Pero responden desde lugares muy distintos.

Christian FelberMariana MazzucatoJean Tirole
Punto de partidaValoresDirecciónIncentivos
ProblemaEl capitalismo no mide correctamente el bien comúnEl mercado no genera por sí mismo las capacidades necesariasMercado, Estado y empresas tienen fallos
InstrumentoBalance del Bien ComúnMisiones y Estado emprendedorRegulación, contratos, competencia
EstadoGarantiza valoresOrienta mercadosDiseña reglas
EmpresaDebe cooperar másCrea valor junto al EstadoResponde a incentivos
Principal fortalezaFinalidad socialConstrucción de capacidadesRealismo institucional
Principal riesgoIdealismoCaptura/error estatalTecnocratización

Felber necesita empresas más altruistas; Mazzucato, Estados más inteligentes; Tirole, mejores incentivos. 

Pero creo que ahora podemos añadir una cuarta columna: RMS/competencia sistémica.


1. Felber: ¿para qué debe funcionar la economía?

Felber empieza por el destino.

Beneficio, PIB y rentabilidad no deberían ser las únicas medidas del éxito económico. Propone incorporar dignidad, solidaridad, sostenibilidad, justicia y participación a la evaluación empresarial. El documento reconoce precisamente esa enorme potencia ética, pero señala sus problemas de incentivos, cálculo y medición. Markdown pegado(20261025-222350)

Su gran aportación podría resumirse:La economía es un medio. El bienestar social es el fin.

El problema aparece al pasar de:“esto es lo que queremos conseguir” a: “éste es el mecanismo económico capaz de conseguirlo”.

Mi experiencia práctica de hace quince años es:

No basta con convencer a una empresa para elaborar un Balance del Bien Común.

Esa empresa continúa compitiendo con otra empresa que:produce en China;se financia en Estados Unidos;compra materias primas en África;optimiza fiscalmente internacionalmente;utiliza una plataforma digital estadounidense;y vende en toda Europa.

La empresa individual está dentro de un sistema que no controla.

Ése es el límite estructural de Felber.


2. Mazzucato da un paso adelante: necesitamos capacidad para transformar el sistema

Mazzucato detecta parte del problema.

No pretende simplemente pedir a las empresas que sean mejores.

Introduce:Estado + inversión + innovación + empresa + misiones + contratación pública + condicionalidad.

Y reconoce que buena parte de la innovación radical ha recibido financiación pública, que el Estado asume riesgos y que posteriormente una parte importante del valor puede terminar privatizándose. Esos son precisamente los tres pilares que recoge el documento. 

Por tanto:

Felber pregunta:

¿qué economía queremos?

Mazzucato pregunta:

¿cómo movilizamos recursos para construirla?

Es un avance considerable.

Pero aparece otro problema.

¿Quién sabe qué construir?


3. El límite de Mazzucato: dirección sin suficiente mecanismo de corrección

Ésta es probablemente la crítica más importante del documento.

Mazzucato acepta:mercados;beneficios;empresa privada;competencia.

Pero quiere orientarlos mediante misiones. 

Eso puede funcionar extraordinariamente bien cuando:el objetivo está claro;la tecnología admite varias soluciones;existen empresas capaces;hay buena administración;los resultados son medibles;y existe disciplina cuando algo fracasa.

Pero puede funcionar mal cuando:la información es incompleta;la tecnología cambia rápidamente; los grupos de interés capturan las ayudas;los gobiernos cambian;los objetivos se politizan;o nadie quiere reconocer que una inversión ha fracasado.

Por eso el documento identifica conocimiento, política y medición como tres grandes dificultades prácticas. 

Aquí nuestra Capacidad Sistémica de Reasignación (CSR) adquiere muchísimo sentido.

Una buena política industrial necesita saber:construir,

pero también:abandonar.


4. Tirole introduce precisamente el mecanismo de corrección

Tirole parte de una visión menos ambiciosa moralmente pero mucho más incómoda institucionalmente:

las personas responden a incentivos.

Y:mercados, empresas y Estados pueden equivocarse.

Por tanto, no intenta conseguir que todos compartan una concepción del bien común.

Intenta construir reglas donde los intereses individuales produzcan mejores resultados colectivos.

El documento lo resume perfectamente: información asimétrica, conflictos de interés y oportunismo obligan a diseñar mecanismos; no basta confiar en la virtud de los actores. 

Esto resulta mucho más robusto.

Pero tampoco resuelve todo.


5.  Tirole tampoco resuelve suficientemente la competencia sistémica

Supongamos que Europa consigue:excelentes incentivos;regulación inteligente;competencia;

precio al carbono;mercados eficientes;buena gobernanza.

Y China dispone simultáneamente de:

escala + financiación + infraestructura + política industrial + cadenas de suministro + tecnología + mercado + velocidad.

Las empresas europeas pueden estar perfectamente incentivadas y aun así perder competitividad.

Porque:buenos incentivos dentro de una empresa no compensan necesariamente una arquitectura productiva inferior alrededor de ella.

Ahí aparece el cuarto enfoque.


6. RMS: no basta con fines, dirección o incentivos; necesitamos capacidades

Podríamos organizar las cuatro perspectivas así:

FELBER

¿Para qué?

→ Bien común.

MAZZUCATO

¿Hacia dónde?

→ Misiones.

TIROLE

¿Mediante qué reglas?

→ Incentivos.

RMS

¿Con qué capacidades y dentro de qué sistema?

→ Recursos + mecanismos + capacidades + interdependencias + resiliencia + capacidad de decisión + bienestar.

Esto cambia bastante la discusión.


7. RMS permite integrar los tres en lugar de elegir uno

No tenemos necesariamente que decidir:Felber o Mazzucato o Tirole.

Podemos utilizarlos en diferentes niveles.

Felber proporciona el objetivo

¿Qué entendemos por progreso?

No únicamente PIB.

También:bienestar;cohesión;sostenibilidad;dignidad;oportunidades.

Mazzucato proporciona dirección

¿Qué grandes problemas colectivos queremos resolver?

Energía.

Vivienda.

IA.

Salud.

Descarbonización.

Productividad.

Tirole proporciona mecanismos

¿Cómo evitamos que la misión termine capturada?

Competencia.

Contratos.

Condicionalidad.

Información.

Incentivos.

Evaluación.

RMS añade arquitectura y adaptación

¿Tenemos realmente:

tecnología;

capital;

energía;

empresas;

proveedores;

infraestructura;

talento;

escala;

alternativas?

Y además:¿podemos aprender, corregir y reasignar recursos cuando nos equivocamos?


8. Falta todavía una variable: el mundo exterior

Y ésta creo que es la gran diferencia entre el debate de hace quince años y el de 2026.

Una Economía del Bien Común no existe en el vacío.

Existe simultáneamente con:

China

Estados Unidos

India

CRINK

mercados financieros

multinacionales

plataformas digitales

cadenas globales

materias primas

IA

geopolítica.

Por tanto:el modelo europeo debe ser socialmente deseable y sistémicamente viable.

Ésta es una restricción durísima.


9. Avanzar es muy difícil

Cambiar comportamientos es más fácil que cambiar arquitecturas.

Puedes convencer a:100 empresas,50 ayuntamientos,10 universidades.

Pero cambiar:mercados de capitales;fiscalidad internacional;cadenas globales;contratación pública;

política comercial;sistema energético;gobernanza europea;estructuras empresariales; es extraordinariamente más difícil.

Porque cada elemento está conectado con los demás.


La frase...............

«No es difícil conseguir una economía para el bien común. Es sólo que somos cobardes»

funciona como llamada política.

Pero no como teoría económica.

El problema no es solamente valentía.

Es:complejidad + información + intereses + incentivos + instituciones + capacidades + interdependencias + geopolítica + tiempo.

El punto débil de Mazzucato no es su intención transformadora, sino que presupone unas capacidades estatales e institucionales muy superiores a las que normalmente existen. 


Tirole puede diseñar magníficamente el mecanismo.

Pero alguien tiene que decidir:qué queremos conseguir.

Ahí reaparece Felber.

Y determinados problemas requieren inversiones colectivas que el sistema de incentivos existente no genera espontáneamente.

Ahí reaparece Mazzucato.

Y esas políticas necesitan insertarse dentro de un sistema productivo capaz de competir internacionalmente.

Ahí entra RMS.

Por tanto, propondría:

Felber → finalidad

Mazzucato → dirección

Tirole → mecanismos

RMS → capacidades, adaptación y viabilidad sistémica

Reformular la Economía del Bien Común

La versión de hace quince años podía representarse aproximadamente:

VALORES → EMPRESA → BIEN COMÚN

Mazzucato añade:

MISIÓN → ESTADO + EMPRESA → INNOVACIÓN → VALOR PÚBLICO

Tirole añade:

INCENTIVOS → COMPORTAMIENTO → RESULTADOS

RMS permitiría integrarlo:

BIEN COMÚN

↓
define objetivos

MISIONES

↓
orientan capacidades

INCENTIVOS

↓
alinean actores

CAPACIDADES

↓
permiten ejecutar

COMPETENCIA + EXPERIMENTACIÓN

↓
seleccionan soluciones

MEDICIÓN + FEEDBACK

↓
detectan errores

REASIGNACIÓN

↓
abandona lo que no funciona

PRODUCTIVIDAD

↓
genera prosperidad

DISTRIBUCIÓN

↓

BIENESTAR

Y el círculo vuelve a empezar.


Una Economía del Bien Común 2.0

El problema de la Economía del Bien Común nunca fue únicamente definir qué entendíamos por bien común. El verdadero problema era construir un sistema capaz de alcanzarlo sin ignorar incentivos, información, competencia, productividad, interdependencias y capacidad de adaptación.

Quince años después, Felber continúa siendo útil para recordar para qué existe la economía.

Mazzucato nos ayuda a pensar cómo movilizar al Estado para transformar capacidades.

Tirole nos recuerda que las buenas intenciones necesitan mecanismos e incentivos correctos.

Y la competencia sistémica introduce la realidad que hoy resulta imposible ignorar:

ningún modelo europeo de bienestar será sostenible si no es simultáneamente productivo, innovador, resiliente y capaz de competir dentro de una economía mundial organizada en redes de poder, tecnología y capacidades.

Por eso quizá el debate actual ya no debería ser simplemente “economía del bien común”, sino algo más exigente:Economía de las capacidades para el bien común.

Porque el bien común puede definir el destino; Mazzucato puede ayudarnos a definir la dirección; Tirole, las reglas del viaje; pero necesitamos además construir el vehículo, las capacidades y la posibilidad de cambiar de ruta cuando descubramos que nos hemos equivocado.

Notas

La tesis central de Mazzucato no es que el Estado sustituya al mercado, sino que los mercados siempre están "configurados" por instituciones públicas. Por ello considera insuficiente limitarse a corregir fallos de mercado y propone que el Estado oriente la actividad económica mediante "misiones" concretas, como la transición energética o la innovación tecnológica. [cidob.org], [frdelpino.es]

Su argumento descansa en tres ideas:

  1. Gran parte de la innovación radical fue financiada inicialmente por el sector público.
  2. El Estado absorbe riesgos que el sector privado no quiere asumir.
  3. Los beneficios de esa inversión pública terminan concentrándose excesivamente en accionistas y grandes empresas. [frdelpino.es], [lavanguardia.com]

¿Es una propuesta difícil de aplicar?

Sí, extraordinariamente difícil.

No porque los objetivos sean absurdos, sino porque exige resolver varios problemas prácticos:

1. El problema del conocimiento

¿Quién define el bien común?

Mazzucato responde que debe surgir de procesos participativos y misiones colectivas. [lavanguardia.com]

Pero desde Hayek hasta la economía institucional contemporánea se ha señalado que ningún organismo posee suficiente información para determinar ex ante qué innovaciones, tecnologías o sectores serán exitosos.

La crítica liberal sería:

Cuanto más ambiciosa sea la misión estatal, más probabilidades existen de cometer errores masivos de asignación de recursos.

2. El problema político

Mazzucato suele distinguir entre "Estado emprendedor" y "Estado burocrático".

Sin embargo, en la práctica:

  • los gobiernos cambian,
  • los incentivos electorales son cortoplacistas,
  • aparecen grupos de presión,
  • las ayudas pueden capturarse políticamente.

La teoría funciona mejor que la política real.

3. El problema de la medición

¿Qué significa exactamente "crear valor público"?

Es una cuestión que ha perseguido toda la obra de Mazzucato.

Mientras el beneficio empresarial puede medirse relativamente bien, el "valor público" es mucho más ambiguo.

Aquí surge una crítica habitual:

El concepto es normativamente atractivo pero operacionalmente difuso.

¿Son sus críticos "cobardes o tontos"?

Si el titular alude a que quienes rechazan la intervención pública son "cobardes o tontos", esa formulación es más retórica que analítica.

Desde la perspectiva de Mazzucato, sería "cobarde" renunciar a afrontar desafíos como:

  • descarbonización,
  • envejecimiento,
  • inteligencia artificial,
  • desigualdad.

Es decir, dejar todo al mercado cuando existen problemas sistémicos. [cidob.org], [frdelpino.es]

Pero existen críticas perfectamente racionales a su enfoque.

Por ejemplo:

  • Hayek: conocimiento disperso.
  • Buchanan: incentivos políticos defectuosos.
  • Acemoglu: riesgo de captura estatal.
  • Rodrik: necesidad de experimentación descentralizada más que planificación de misiones rígidas.

Ninguna de estas posiciones puede calificarse seriamente de "cobarde" o "tonta".

Una lectura desde tu marco RMS

Desde la perspectiva RMS que vienes desarrollando, el debate es aún más interesante.

Mazzucato parte implícitamente de una visión donde el Estado puede identificar y coordinar objetivos colectivos.

Sin embargo, RMS enfatiza:

  • complejidad adaptativa,
  • incertidumbre radical,
  • aprendizaje distribuido,
  • competencia sistémica.

Desde ese enfoque, la pregunta no sería:"¿Debe el Estado dirigir el mercado?"

sino:"¿Cómo puede el Estado aumentar la capacidad adaptativa del sistema económico?"

Esa diferencia es crucial.

Un enfoque RMS probablemente aceptaría:

  • inversión pública estratégica,
  • políticas industriales,
  • misiones tecnológicas,

pero desconfiaría de cualquier pretensión de conocer ex ante la trayectoria óptima del sistema.

Conclusión

La economía del bien común de Mariana Mazzucato no es una propuesta ingenua ni irrealizable, pero sí enfrenta un enorme problema de gobernanza. Sus objetivos son relativamente fáciles de compartir; el verdadero reto es quién define el bien común, cómo se evita la captura política y cómo se aprende cuando las misiones fracasan.

Por ello, la crítica más sólida no es que su propuesta sea "de cobardes o tontos". La crítica más sólida es que presupone capacidades estatales e institucionales mucho mayores de las que normalmente existen. Desde una perspectiva RMS, el punto débil no es la intención transformadora, sino la subestimación de la complejidad adaptativa de los sistemas económicos.


La comparación entre Mariana Mazzucato, Christian Felber y Jean Tirole es muy reveladora porque representa tres respuestas distintas a un mismo problema:

¿Cómo lograr que el capitalismo genere prosperidad sin destruir cohesión social, competencia e interés colectivo?

1. Felber

La Economía del Bien Común de Christian Felber parte de una crítica moral al capitalismo:

  • la competencia debe sustituirse parcialmente por la cooperación;
  • las empresas deberían ser evaluadas por su contribución social;
  • el beneficio financiero no debería ser el criterio principal;
  • se propone un "Balance del Bien Común" para medir el impacto social.

Problema fundamental

El proyecto tiene una enorme fuerza ética, pero una débil microfundamentación económica.

Sus críticos señalan que:

  1. No explica suficientemente cómo se generan los incentivos.
  2. No resuelve el problema del cálculo económico.
  3. La medición del "bien común" es  subjetiva en determinados parametros
  4. Las empresas pueden optimizar métricas sin crear valor real.

En términos institucionales:

Felber supone agentes cooperativos donde la economía suele trabajar con agentes que responden a incentivos.

Por eso, después de más de una década, la Economía del Bien Común ha tenido difusión en municipios, ONG y algunas empresas, pero no ha conseguido convertirse en un paradigma económico operativo a gran escala.

Desde RMS podríamos decir:

  • Felber tiene una teoría de fines.
  • No posee una teoría robusta de adaptación sistémica.

2. Mazzucato: el Estado emprendedor

Mariana Mazzucato reconoce algo que Felber apenas aborda:

Los incentivos existen.

Por eso no propone eliminar mercados.

Propone dirigirlos.

Su argumento es:

  • internet;
  • GPS;
  • biotecnología;
  • tecnologías verdes;

surgen frecuentemente de inversiones públicas iniciales.

Por tanto:si el Estado asume riesgos, debe participar también en la gobernanza del valor generado.

Su propuesta es más realista que la de Felber porque:

  • acepta la competencia;
  • acepta la empresa privada;
  • acepta el beneficio.

Pero quiere reconfigurar sus objetivos mediante "misiones".

Problema fundamental

Mazzucato sustituye una dificultad por otra.

Felber no explica cómo surgen los incentivos.

Mazzucato no explica suficientemente quién define las misiones ni cómo evitar errores políticos.

La pregunta crítica es:¿qué ocurre cuando el Estado se equivoca?

La literatura de elección pública (Buchanan), captura regulatoria (Stigler) o instituciones inclusivas (Acemoglu) es mucho más pesimista sobre la capacidad real del Estado que Mazzucato.


3. Tirole: la economía de los incentivos

Aquí aparece Jean Tirole, probablemente el más sólido de los tres desde el punto de vista analítico.

Su planteamiento es muy distinto.

No comienza preguntando:

  • ¿qué es el bien común?
  • ¿qué misión debemos perseguir?

Empieza preguntando:

¿Qué incentivos tienen los agentes?

La teoría moderna de contratos, regulación y organización industrial desarrollada por Tirole parte de que:

  • existe información asimétrica;
  • existen conflictos de interés;
  • existen comportamientos oportunistas.

Por ello:

  • los mercados fallan;
  • los Estados también fallan;
  • las empresas también fallan.

La cuestión es diseñar reglas para que los agentes hagan lo correcto sin necesidad de ser virtuosos.


El contraste conceptual

Felber

Supuesto implícito:

Las personas cooperarán si cambiamos los valores.

Instrumento:

  • cambio cultural;
  • indicadores éticos.

Riesgo:

  • idealismo.

Mazzucato

Supuesto implícito:

El Estado puede identificar objetivos estratégicos.

Instrumento:

  • políticas industriales;
  • misiones.

Riesgo:

  • captura política;
  • errores de planificación.

Tirole

Supuesto implícito:

Los agentes reaccionan a incentivos.

Instrumento:

  • contratos;
  • regulación;
  • competencia.

Riesgo:

  • exceso de tecnocratización.

¿Por qué Tirole parece más viable?

Porque no exige transformar la naturaleza humana.

El modelo de Felber requiere empresas más altruistas.

El de Mazzucato requiere Estados más inteligentes.

El de Tirole requiere algo más modesto:mejores incentivos.

Por ejemplo:

  • impuestos al carbono en lugar de prohibiciones masivas;
  • regulación bancaria basada en incentivos prudenciales;
  • subastas competitivas para energías renovables;
  • mecanismos regulatorios que alineen interés privado e interés colectivo.

No necesita que empresarios o políticos sean virtuosos.

Necesita que sea costoso comportarse mal.


Una lectura RMS

Creo que aquí aparece algo muy compatible con tu marco RMS.

El RMS parte de una idea cercana a la teoría de sistemas complejos:

  • conocimiento distribuido;
  • incertidumbre radical;
  • adaptación evolutiva;
  • aprendizaje continuo.

Desde esta perspectiva:

Felber

Subestima la complejidad adaptativa.

Define un fin moral sin explicar cómo emerge el orden.

Mazzucato

Reconoce la complejidad, pero sobreestima la capacidad de dirección estratégica del Estado.

Tirole

Acepta que ningún actor conoce el sistema completo.

Por eso trabaja sobre:

  • reglas;
  • incentivos;
  • mecanismos.

No intenta dirigir el sistema.

Intenta canalizarlo.


Conclusión

Si ordenáramos las tres propuestas en términos de viabilidad institucional:

Felber → Mazzucato → Tirole

de menos a más viable.

  • Felber ofrece una crítica moral potente, pero una arquitectura económica débil.
  • Mazzucato aporta una teoría plausible de la innovación pública, pero confía quizá demasiado en la capacidad estratégica del Estado.
  • Tirole proporciona el marco analítico más robusto porque incorpora explícitamente incentivos, información imperfecta y fallos tanto del mercado como del Estado.

Desde una mirada RMS, la crítica decisiva a Mazzucato no sería que persiga el bien común. Sería que todavía conserva un cierto sesgo "teleológico": presupone que una autoridad puede identificar y dirigir un destino colectivo. Tirole, en cambio, encaja mejor con una visión adaptativa donde el objetivo no es dirigir el sistema hacia una trayectoria concreta, sino diseñar instituciones que aumenten su capacidad de aprendizaje, coordinación y resiliencia.

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Mariana Mazzucato es una de las figuras de referencia en el ámbito económico. Su visión sobre la acción del Estado en tiempos complicados es apreciada en el espectro progresista, Mariana Mazzucato (Roma, 1968) es catedrática de Economía en el University College of London, pero es mucho más conocida por sus propuestas acerca del Estado emprendedor. Sus ideas le han llevado a asesorar a gobiernos como el estadounidense durante la administración Biden, el italiano, el mexicano o el británico. Es una figura de referencia entre los economistas progresistas. 

Desde su perspectiva, el Estado no solo debe regular o redistribuir, sino que ha de orientar a los mercados en la dirección que los gobiernos fijan. Los objetivos marcados reciben el nombre de ‘misiones’ y tratan de ser alcanzados mediante la colaboración público-privada. El Estado asume riesgos y condiciona ayudas, pero también exige que el valor generado con dinero público no sea capturado únicamente por los accionistas.

 Acaba de publicar en España Bien común. Una economía que funcione para todos -analizar entrevistas de M Mazucatto

  https://www.elconfidencial.com/economia/2026-10-06/entrevista-mariana-mazzucato-economia-bien-comun-cobardes-tontos_4439015/

Evolución necesaria de la matriz ética hacia una matriz RMS adaptada a competencia sistémica, geoeconomía, IA, dependencia y poder.

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